¿Debemos confesar nuestros pecados a algún hombre o sólo a Dios?

¿Debemos confesar nuestros pecados a algún hombre o sólo a Dios?

En primer lugar, debemos confesarlos a Dios. En el Salmo 32:5 dice David: “Mi pecado te declaré (esto es al Señor), y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado.” En 1 Juan 1:9 leemos: “Si confesamos nuestros pecados, (lo que evidentemente significa ante Dios), él es fiel y justo y para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.”

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Pero si hemos pecado contra un hombre, hemos de confesar nuestros pecados a aquella persona contra la cual hemos pecado. Debemos reconciliamos con nuestro hermano que tiene algo contra nosotros (Mateo 5:23-24). También es bueno confesar nuestros pecados los unos a los otros a fin de que podamos orar el uno por el otro (Santiago 5:16). No hay ni la más pequeña indicación, sin embargo, de que esto signifique que hemos de confesar nuestros pecados al sacerdote de un modo más particular que a cualquier otro creyente. Dice: “Confesaos unos a otros,” y no hay mayor razón en favor de que nosotros debamos confesar nuestros pecados al sacerdote que a favor de que él nos confiese los suyos.

Si hemos pecado públicamente deberíamos hacer una pública confesión de nuestros pecados. Pero nada hay en la Biblia que nos indique que alguien deba hacer una confesión pública y detallada de todas sus transgresiones, o incluso de que deba confesar a otro hombre cada uno de los pecados que ha cometido. Los impostores religiosos exigen a menudo esto de sus discípulos, y así los tienen bajo su dominio y los gobiernan por miedo a la difamación. Uno de los más conocidos impostores religiosos de los tiempos modernos alcanzó dominio sobre sus discípulos por este medio. Les hacía confesar todo lo bajo y vil que habían hecho, y luego los aterrorizaba, obteniendo dinero de ellos, haciéndolos sus esclavos. Hay cosas que un hombre debe guardar para sí y para Dios.

 


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