Primero duda de tus dudas, antes de dudar de tu fe.

Mientras la duda dice “¡Detente!”, la fe, “¡Confía y avanza!.

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y permite que dios hable a tu vida.

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Check-200x200 Mientras la duda dice ¡Detente!, la fe, ¡Confía y avanza!

La duda y la fe son dos viejas compañeras de vida, que tácitamente se han declarado la guerra. Son respetuosas entre sí, porque donde esta una no existe la otra. El ser humano elige a cuál de las dos acudir en los momentos de crisis; mientras la duda dice “¡Detente!”, la fe, “¡Confía y avanza!”. Alguna vez te has preguntado ¿cuál de las dos te acompaña en la vida? Imagina que la duda y la fe están en el mismo ring. Apoya a tu favorita y mira para adelante.

Mira la esencia de cada una y cómo marca nuestras vidas el dudar o confiar:

La duda. Aunque esta, en cierto grado, es necesaria, te ayuda a ser un poco más prevenido y objetivo al momento de asumir decisiones, evitando que te lances de plano a una situación sin analizarla. Vivir dudando puede resultar desgastante, porque la incertidumbre y la inseguridad minan de temor tu interior. Quien siempre duda se convierte en un ser pesimista que a todo le encuentra un pero; usualmente es una persona solitaria, porque si alguien le consulta sus proyectos terminará por decir que no funcionará, y esto hará que los demás se alejen.

 

 

Quienes desconfían de todo viven desesperanzados, pierden con facilidad la ilusión, se frustran, con temor dan cada paso, nunca corren riesgos, sus vidas se tornan monótonas porque el miedo los inmoviliza, los incapacita, y en sus mentes habita el temor de que algo malo va a ocurrirles a ellos, o a sus seres queridos.

¿Alguna vez has pensado cuántas veces al día necesitas confiar en los demás? Sin darte cuenta, a diario confías a otros tu existencia y la de tus seres queridos: al conductor del autobús, al piloto del avión, a la niñera que cuida a tus hijos o quizás en el trabajo dependes de la responsabilidad y compromiso de otros. Entonces, ¿en qué se convierte tu vida si no aprendes a confiar? Lee en este artículo cómo no eres invisible para Dios.

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Mientras la duda dice ¡Detente!, la fe, ¡Confía y avanza!

¿En quién debes depositar tu confianza?

Los seres humanos somos imperfectos por naturaleza, nos equivocamos; por eso tu confianza nunca debe estar puesta en las personas, sino en Dios. Él sabrá disponer todo para que estés seguro siempre, en todo lugar y en toda situación; aprende a confiar en Él y descansa en sus fuerzas, porque en las tuyas no podrás.

La palabra de Dios trae un hermoso mensaje en Mateo 17:20 para aquellos que se vuelven un poco incrédulos, “De cierto os digo que si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a esta montaña: Muévete de aquí hasta allá, y la montaña se moverá, nada sería imposible”.

La fe. Es el regalo más maravilloso que el ser humano ha podido recibir. ¡Aprender a confiar sin ver! La fe es tener la certeza de que se va a recibir lo que se espera. Las sagradas escrituras nos enseñan, en múltiples pasajes, la necesidad de confiar en Dios, de creer y agradecer por el milagro, aun cuando no lo hayamos visto.

Quien confía casi siempre ve hacer realidad sus sueños, y cuando las cosas no salen como espera es optimista, porque está seguro de que algo mejor vendrá; pocas veces se desanima, su fortaleza está puesta en Dios. Si algún día las personas le fallan, entiende que son seres humanos, pero sabe que Dios lo reconfortará con su amor y lo ayudará a recuperar la fe perdida. Quien confía aprende a esperar en el tiempo del Señor y reconoce el momento oportuno para actuar; disfruta más de cada momento en la vida y sus pensamientos no están contaminados con ideas sombrías de desgracia y temores; siempre tiene una palabra de aliento para otros, es luz que ilumina la oscuridad en medio de la desesperanza.

El salmo 37: 5 dice: “Entrega al Señor todo lo que haces, confía en Él y Él te ayudará”. ¿Se necesita sólo confiar para que todo salga como esperas? Creo que, además de confiar, es necesario que revises tu corazón y tus intenciones y que te preguntes siempre si ese milagro que esperas del cielo será una bendición para tu vida y para las vidas de quienes te rodean. Quizás ahí encuentres la respuesta al silencio o al hecho de que aún no ves lo que esperas.
Elige confiar en vez de dudar, cree en los milagros, cree, porque para Dios no hay nada imposible.