El bautismo y el perdón de los pecados

Lección 5

El bautismo y el perdón de los pecados

Curso de Bautismo Cristiano Un paso de Obediencia

Siguiendo con los aspectos básicos del bautismo, y considerando algunas confusiones que existen acerca del asunto, veremos en esta lección:

 

  1. Existen diferentes clases de bautismos.
  2. ¿Con qué son limpiados nuestros pecados?
  3. Entonces, ¿qué significan Hechos 2:38, Hechos 22:16 y 1 Pedro3:21?
  4. ¿De cuáles pecados somos perdonados cuando nos convertimos?

 

  1. Existen diferentes clases de bautismos

El estudiante serio y cuidadoso pronto  se dará cuenta que la Palabra de Dios describe diferentes

clases de bautismos. Es importante no confundir el bautismo cristiano con otros. Algunos de estos

bautismos involucran el uso de agua, mientras que otros no.

 

El bautismo  de Juan el Bautista: Juan el Bautista comenzó su ministerio antes que el Señor Jesucristo. Su objetivo  era el de preparar el camino del Señor (Lucas3:4), es decir, preparar al pueblo  para que estuviese en condiciones   de recibir a  Jesucristo, el Mesías prometido. Juan predicaba  el “bautismo del arrepentimiento” y bautizaba en  el río Jordán a  aquellos que se mostraban arrepentidos, los que producían “frutos dignos de arrepentimiento” (Lucas3:3,8). Es de esperar que el perdón de pecados, que predicaba, venía por el arrepentimiento, y era un perdón temporal como el que se obtenía por sacrificios de animales bajo la ley (Hebreos10:4). Todas las personas que eran bautizadas por Juan, eran luego guiadas a Jesucristo, “el Cordero  de Dios que QUITA el pecado del mundo”, (Juan1:29). Al creer en Cristo para salvación, estas personas eran bautizadas nuevamente con el bautismo cristiano (Hechos19:3-5).

 

El bautismo del Espíritu Santo: Después  de su muerte y resurrección, encontramos que Jesucristo les promete   a sus discípulos  que serían “bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:5). Este bautismo se cumplió unos días después, en la fiesta de Pentecostés, en el momento en el cual comenzó la Iglesia (Hechos 2). El alcance de este hecho histórico cobija a todos los creyentes desde ese momento  en adelante (Efesios1:13). Por lo tanto, ahora todo creyente participa del bautismo del Espíritu Santo al convertirse, es decir, al entrar a formar   parte del Cuerpo  de Cristo (1 Corintios12:13). Si tienes inquietudes sobre el bautismo del Espíritu Santo estudia el Apéndice 3.

 

El bautismo cristiano (en agua): Este es el bautismo instituido por el Señor Jesucristo y practicado por sus discípulos, como estudiamos en la lección anterior. Este es el bautismo en agua que Dios espera de todo cristiano. Es un acto simbólico que demuestra nuestra conversión, donde el nuevo discípulo  es  sumergido   brevemente   en  agua, identificándose  públicamente  con  la muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesucristo.

 

Otros bautismos:

Si miramos  cuidadosamente, encontraremos  aún más  bautismos  en el  Nuevo  Testamento. El

bautismo  de Jesucristo, efectuado por Juan el Bautista, fue un bautismo especial, pues Cristo no

tenía pecado del qué arrepentirse. Encontramos el “bautismo de fuego” (Mateo3:11), que es un

bautismo de juicio que aún no se ha cumplido,  como lo explica el versículo que sigue (Mateo3:12).

También notamos que Jesús se refiere a su muerte como un bautismo (Lucas12:50; Mateo20:22).

 

  1. ¿Con qué son limpiados nuestros pecados?

Existe la falsa  idea que el bautismo cristiano es un instrumento  para perdón o lavamiento de

nuestros pecados. Aparentemente este error tiene su origen en la confusión del propósito de cada

uno  de los diferentes bautismos. El cristiano se bautiza porque YA HA  SIDO PERDONADO.

Bajo la ley, Dios le exigía a los judíos la sangre de una víctima sacrificada cuando pecaban. Esto,

con el fin de recordarles  que “la paga  del pecado es muerte”,   y prepararles para el sacrificio

supremo del Hijo de Dios “ofrecido una vez para siempre…  por los pecados” (Hebreos10:12). La

Palabra de Dios es muy  clara en este punto: es la sangre de nuestro  Señor Jesucristo lo que nos

limpia de nuestros pecados y no el bautismo. Miremos 1 Juan1:7 “La sangre de Jesucristo, su Hijo,

nos limpia de todo pecado” y Apocalipsis1:5: “Jesucristo… nos lavó de nuestros pecados con su

sangre”.

 

  1. Entonces, ¿qué significan Hechos 2:38, Hechos 22:16 y 1 Pedro 3:21?

Estos versículos  son tratados ampliamente en el Apéndice 4. Nos limitaremos aquí a explicarlos

brevemente. Hechos 2:38: Ya hemos visto  como en el tiempo de los Hechos los creyentes se

hacían bautizar inmediatamente. En este versículo, Pedro está exhortando a sus oyentes  a dar dos pasos   que,   para  ellos,  serían  simultáneos:  (1)  arrepentimiento  sincero  (como  primera  e indispensable condición), y  (2) bautismo cristiano. Tomando estos dos pasos al mismo tiempo, mostrarían  públicamente  su identificación  con  Cristo como  Salvador.  Esto  conllevaría   dos consecuencias: (1) el perdón de pecados, y (2) el don del Espíritu Santo. Hechos 22:16: Ananías le dijo  a Saulo: “Ahora, pues ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando  Su nombre”. La conversión, o cambio interior de Saulo, ocurrió  momentos después de caer al suelo en su viaje  a Damasco, cuando tuvo  un encuentro personal con Cristo (Hechos9:4-

6). Por lo tanto, cuando Ananías  le visita unos días después, lo saluda diciéndole:  “Hermano Saulo” (9:17). Es evidente entonces que Saulo ya había creído y, por lo tanto, ya había recibido su perdón antes de ser bautizado. Al visitarle, Ananías lo anima a que inmediatamente  se bautice, demostrando  su arrepentimiento,  perdón  y  salvación,  e  identificándose  públicamente  con Jesucristo. 1 Pedro 3:21: Este versículo  menciona la salvación del diluvio, de la cual gozaron Noé y su familia, y la relaciona con el bautismo cristiano. Pero notemos que aquí el diluvio simboliza el  bautismo,  y el  bautismo simboliza  la salvación.  El apóstol  nos deja  muy en claro  que la ceremonia exterior del bautismo no nos quita “las inmundicias de la carne” (es decir, los pecados), pero sí demuestra el deseo que tiene el bautizado de andar bien delante de Dios (Romanos6:4).

 

  1. ¿De cuáles pecados somos perdonados cuando nos convertimos?

Cuando nos convertimos, reconocemos y admitimos que Cristo cargó con nuestros  pecados en la

cruz, que, con su sangre, Cristo nos limpió de nuestros pecados. La pregunta es ¿de cuáles pecados

nos limpió? ¿Será que Cristo sólo nos perdonó los pecados cometidos antes de nuestra  conversión?

Si este fuera el caso, ¿qué perdón reciben los pecados de hoy y de mañana? ¿Será que Cristo  sólo

nos perdona los pecados que le confesamos? Si este fuera el caso, ¿qué perdón reciben los pecados

que no podemos recordar? La hermosa realidad es que: “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia

de  TODO pecado”  (1 Juan1:7). Pensemos en esto  detenidamente.  Cristo cargó con  TODOS

nuestros   pecados. Esto incluye los pecados que cometimos   antes de entregarnos   a Cristo, los

pecados que hemos  cometido desde entonces  (ya sea que los recordemos o no, ya sea que los

hayamos confesado o no), y ¡todos los pecados que vayamos cometiendo! Escuchemos al apóstol

Juan hablando: “Hijitos  míos, estas cosas os escribo  para que no pequéis; y si alguno hubiere

pecado, abogado tenemos  para con el Padre a  Jesucristo el justo. Y Él es la propiciación por

 

nuestros pecados” (1 Juan2:1,2). Esto quiere decir que todo el perdón que necesitemos en el futuro está asegurado por el mismo sacrificio del Cordero  de Dios. Cada nuevo  pecado, desencadenará una defensa de parte del Divino Abogado,  con base en Su perfecta obra cumplida  en la cruz.

¡Alabado sea por siempre! Cuando pecamos como creyentes,  sí perdemos el gozo  de nuestra salvación. Así  que  a  diario necesito la limpieza para  poder vivir  en  armonía con mi Señor. Jesucristo se refirió a esto  como “lavarse los pies” espiritualmente (Juan13:5-10). Esta limpieza viene  a través del estudio  de la Palabra de Dios y a través de la confesión: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel  y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”  (1

Juan1:9).  Nota  que debemos confesar a  Dios nuestros pecados, esto  es, decirle  con profunda humillación y dolor  cada pecado que recordemos. Las exhortaciones  de Santiago4:8-10 pueden sernos muy útiles en este caso.

¿Qué sucede entonces cuando he confesado con todo mi corazón un pecado que cometí? 1 Juan1:9 nos sigue diciendo que “Dios es fiel y justo” (es decir, reconoce siempre  la obra de su Hijo por mis pecados). Después  nos dice: “para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Tenemos,  entonces, la plena certeza del perdón  de Dios. No es necesario hacer penitencia, ni ninguna  otra cosa para ganar el perdón  de Dios. Debemos más bien agradecerle por Su perdón inmediato y sin rencores.

 

Una pregunta personal: ¿Estás permitiendo que la Palabra de Dios limpie tu forma  de vivir? ¿Hay algún pecado que guardas sin confesar? Si es así, ¿qué estás esperando para confesarlo?

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