El bautismo y la seguridad  de nuestra salvación  en y por  Cristo

Lección 3

El bautismo y la seguridad  de nuestra salvación  en y por  Cristo

Curso de Bautismo Cristiano Un paso de Obediencia

Hemos considerado hasta ahora el propósito del bautismo y la forma en que Dios salva al pecador arrepentido. En esta lección miraremos:

 

  1. ¿Es posible que un cristiano pierda su salvación?
  2. ¿Qué ocurre cuando pecamos?
  3. Errores comunes con respecto al bautismo.

 

  1. ¿Es posible que un cristiano pierda su salvación?

Esta pregunta es seria: ¿Cuán segura es nuestra salvación? Si nuestra  salvación  dependiera en

alguna manera de nuestro  comportamiento,   nunca podríamos  tener certeza  de ir al  cielo. No

sabríamos si estamos viviendo una vida suficientemente  fiel al Señor para tener garantizada la

salvación. Por otra parte, tendríamos  la posibilidad de perdernos  eternamente  si caemos en un

pecado momentos antes de morir. No. Nuestra salvación  no depende de nuestro  comportamiento

sino  de la obra perfecta y completa de Cristo en la cruz. No podemos añadir nada a lo que Cristo

ya completó. Reflexionemos sobre algunas escrituras: En Juan 3:36 leemos “El que cree en el Hijo

TIENE vida eterna”. No dice que tendrá vida eterna si permanece fiel, sino que TIENE vida

eterna. Jesucristo mismo dijo en Juan 5:24: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi Palabra, y

cree al que me envió, TIENE vida eterna; y NO VENDRÁ A CONDENACIÓN, mas ha pasado

de muerte  a vida.”  La promesa para el creyente es segura: “No vendrá a condenación”,  ¡NUNCA

será condenado! Cristo no nos salva sólo  cuando nos estemos portando bien. Cuando Cristo nos

declara salvos,   nos salva para siempre. “Porque con una sola ofrenda [Cristo] hizo perfectos

PARA SIEMPRE a los santificados” (Hebreos 10:14).

 

Piensa de tu salvación  en esta forma:  ¿Quién  puede anular lo que Dios ha decretado? ¿Quién puede añadir o disminuir a la perfección de la obra del Señor Jesús en la cruz? ¿Quién puede hallar deuda donde todo ha sido  pagado? La salvación del creyente es tan segura que parece increíble que lo sea. Es cierto que no la merecemos, pero Dios sabía que si la salvación dependiera  de la fidelidad del creyente, seguramente ninguno la obtendría. Jesucristo dijo “El que persevere hasta el fin será salvo”. Encontramos esta expresión tres veces en la Biblia (Mateo 10:22, Mateo 24:13

 

y Marcos 13:13), y en cada caso  Jesucristo se está refiriendo a los creyentes  que viven en un tiempo futuro llamado “la tribulación” y no a su Iglesia. El “fin” no es el fin de la vida de una persona, sino el fin de este período de gran tribulación sobre la tierra (ver Mateo 24:14 y Marcos

13:7). “Salvo” no se refiere  a la salvación eterna sino a sobrevivir esta gran tribulación y entrar vivo al milenio (Mateo 24:22). Estas palabras de Jesucristo son dirigidas primordialmente a los

144.000  testigos  judíos  que predicarán el evangelio del reino  durante este tiempo (Apocalipsis

7:1-8). Claro, el Señor Jesucristo también desea que nosotros  perseveremos en sus caminos hoy

día, pero, como hemos  visto, nuestra salvación es un “don de Dios” y no depende  de nuestra

perseverancia. Como humanos nos es difícil descansar plenamente en lo que Cristo ha hecho por

nosotros. De alguna forma queremos contribuir con nuestros  esfuerzos, ya sea para salvarnos o

para mantenernos salvos.  Aun en los primeros tiempos de la Iglesia, encontramos creyentes que

tenían esta incertidumbre   en cuanto a su salvación. El apóstol Juan les escribe  una carta para

ayudarles. Primero les explica en forma  sencilla quiénes tienen vida eterna. Les escribe  en 1

Juan5:12,13: “El que tiene al Hijo (es decir, a Jesucristo en su corazón), TIENE la vida; el que no

tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” Luego, en el versículo siguiente les aclara: “Estas cosas os

he escrito a vosotros  que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que SEPÁIS que tenéis vida

eterna.” Cristo nos salva y quiere que sepamos con certeza que somos salvos.  Cristo desea que

desde ahora mismo  gocemos con certidumbre  del hecho que pasaremos la eternidad con Él. ¿Has

recibido al Señor Jesucristo como explicamos en la lección anterior?  Entonces tienes al Hijo. Y el

que tiene al Hijo tiene vida eterna. Cree y descansa sobre esta promesa.

 

Si deseas saber qué sucede cuando un creyente se aparta, puedes estudiar el Apéndice 1, al final de estos estudios.

 

  1. ¿Qué ocurre cuando pecamos?

Dios no quiere que un creyente peque, y es verdaderamente lamentable que suceda. Cuando como

creyentes cometemos un pecado, la comunión o armonía que gozamos con Dios se rompe. Lo que

debemos  hacer  inmediatamente  es  CONFESAR  ese  pecado  (decírselo  a  Dios con  corazón

arrepentido). Dios promete que “si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar

nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan1:9). En esta forma es restaurada nuestra

comunión o amistad con el Señor. Podemos comparar esto con la relación matrimonial.  Hace unos

años mi esposa y yo nos casamos. Desde ese día ella y yo vivimos felices. Pero se presenta la

ocasión cuando me comporto con ella como no debo. Pierdo la paciencia y levanto mi voz. En ese

momento siento que la armonía de la cual hemos gozado es interrumpida. Ella no me sonríe, nos

sentimos  mal. ¿Qué debemos hacer para corregir la situación? ¿Habrá  necesidad de volvernos a

casar? ¡No! Seguimos siendo esposo y esposa. El problema es que no estamos gozando  de esa

relación. Lo que tengo que hacer es reconocer mi culpa y confesar a mi esposa mi mal proceder.

Esto restaura la armonía en mi hogar. Cuando peco contra mi Señor, también pierdo el gozo de

ser un hijo de Dios. ¿Debo volver a recibir a Cristo en mi corazón? ¡No! Sigo siendo un hijo de

Dios. He perdido el gozo de mi salvación, y no la salvación. Lo que debo hacer es reconocer mi

pecado y confesárselo al Señor.

 

 

 

  1. Errores comunes con respecto al bautismo

(1) “Me quiero bautizar para estar más seguro de mi salvación”. El bautismo no es una condición

para ser salvo. Tampoco le añade seguridad  a nuestra  salvación.   Si tienes dudas antes de ser

 

bautizado, las tendrás después de ser bautizado. Nuestra  salvación  descansa completamente en la obra de Cristo por nosotros. Las dudas desaparecen y la confianza renace cuando empezamos a descansar sobre las promesas de Dios.

(2) “Me quiero bautizar para recibir el Espíritu Santo”. El cristiano recibe el Espíritu Santo en el momento  de su conversión. “Habiendo creído en Él (Jesucristo), fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13). Es imposible  que un verdadero cristiano no tenga el Espíritu Santo. “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él” (Rom. 8:9).

(3) “Me quiero bautizar para sentirme más cerca del Señor”. El bautismo es sencillamente un paso de obediencia al Señor. No debemos atribuirle al bautismo un poder que las Escrituras no nos muestran. El bautismo  trae consigo gozo (Hechos 8:39). Siempre hay gozo cuando decidimos obedecer al Señor.

(4) “Me quiero bautizar para no tener tantas tentaciones”. La Biblia nos dice todo lo contrario:

“Todos  los  que  quieren   vivir   piadosamente   en  Cristo  Jesús  padecerán  persecución”    (2

Timoteo3:12). Puesto que nuestra lucha no es contra “sangre y carne”, es decir, no es contra seres

humanos, sino contra Satanás y sus huestes, podemos decir que después del bautismo puede venir

mayor persecución de parte de Satanás. Recordemos que aun nuestro Señor Jesucristo fue tentado

furiosamente.  Dios no nos ha  prometido  que  si somos cristianos  obedientes seremos  menos

tentados, pero sí promete darnos “la salida” (1 Corintios10:13). Además, el Señor le dijo a Pablo,

y nos dice  a nosotros: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2

Corintios12:9). No debemos temer. Podemos confiar plenamente en Cristo y su socorro cuando

damos un paso de obediencia.

(5)  “Me quiero  bautizar  para hacerme  miembro   de una  iglesia  o  denominación”.  La  única

membrecía  que reconoce el Nuevo  Testamento  es la de ser miembro del Cuerpo de Cristo (la

Iglesia Universal). Esto ocurre cuando tú y yo nos entregamos  a Cristo. El bautismo, por lo tanto,

no nos hace miembros del Cuerpo  de Cristo porque ya somos  miembros. El bautismo tampoco

nos hace miembros de una denominación,  porque la Biblia no reconoce las denominaciones. Sin

embargo, al ser bautizado, el creyente se identifica públicamente como seguidor  de Cristo, y por

tanto, se asocia visiblemente con un grupo  de creyentes. En conclusión, el creyente se bautiza

porque el Señor así lo manda, porque es un testimonio visible de nuestra  profesión de cristianos.

Pero nuestra seguridad, como ya hemos visto, proviene de la obra de Cristo  por nosotros, una obra

perfecta que no puede ser mejorada ni complementada.

 

Una  pregunta personal: Esta lección nos ha llevado a pensar en el fundamento de nuestra fe. ¿Ya has recibido a Cristo pero aún dudas de tu salvación? Memoriza 1 Juan5:12: “El que tiene al Hijo, TIENE la vida”.  Cree esta promesa de Dios con todo tu corazón. Descansa en la fiel Palabra de Dios.

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