Curso Online ¿Qué  impide que yo sea bautizado?

Lección 10

¿Qué  impide que yo sea bautizado?

Curso de Bautismo Cristiano Un paso de Obediencia

Curso de Bautismo Cristiano Un paso de Obediencia

Hemos llegado a la última lección. Si aún no lo has hecho, éste es el momento  de reflexionar seriamente sobre tu situación delante del Señor. Si ya te has entregado a Cristo pero aún no has pedido el bautismo cristiano, es hora de tomar la decisión de obedecer al Señor en este importante paso. Para terminar miraremos:

 

  1. El bautismo cristiano: resumen.
  2. ¿Qué pasa después del bautismo?
  3. El bautismo y la Cena del Señor.
  4. ¿Quién debe tomar la iniciativa en cuanto al bautismo?
  5. ¿Me bautizo o no me bautizo?

 

  1. El bautismo cristiano: resumen

Hemos  notado que la Biblia contiene diferentes clases de bautismo. El Señor Jesucristo espera que

todo creyente se bautice con el bautismo cristiano. Es un pequeño “drama” en el cual el creyente

es sumergido  momentáneamente en el agua, representando que murió  y fue sepultado con Cristo.

Esto representa el fin de su vida antigua, su viejo hombre. Al salir del agua nuevamente,  está

mostrando  que resucitó con Cristo con una vida nueva. Debemos  recordar que el bautismo NO

SALVA. Buscamos bautizarnos porque el Señor lo ordenó, mas NO porque nos pueda limpiar los

pecados, o hacernos nacer de nuevo,  o añadir algo de santidad, o hacernos más salvos,  o reducir

las tentaciones. Jesucristo nos manda que después de la conversión, nos bauticemos “en el nombre

del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. El bautismo puede ser realizado en cualquier lugar

donde haya suficiente agua, y por cualquier hermano en Cristo de buen testimonio. Es quizá más

importante  que se haga en el lugar donde el creyente vive, como testimonio delante de las personas

que le conocen.

 

  1. ¿Qué pasa después del bautismo?

“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil

personas: Y perseveraban en la doctrina  de los apóstoles, en la comunión unos con otros,  en el

partimiento  del  pan  y en  las oraciones”  (Hechos2:41,42).  Después   de su conversión,  estos

primeros cristianos demostraron públicamente su entrega  a Cristo con su bautismo. Pero ¡allí no

terminó su experiencia! Se nos dice que estos creyentes perseveraban. Sin duda estos creyentes

tenían sus problemas, tentaciones y frustraciones, pero seguían firmes y fieles al Señor. Notamos que estos  nuevos  creyentes  perseveraban  en  cuatro  cosas:  (1) La  doctrina  de  los  apóstoles: Buscaban  aprender  y practicar  la  Palabra  de  Dios. Después  de tu bautismo  hay  mucho  que aprender. No te dejes engañar por Satanás pensando que ya sabes suficiente y no necesitas más del estudio  de la Palabra. (2) La comunión unos con otros: Estos creyentes buscaban activamente relacionarse entre sí. Se reunían, se estimulaban a amar  a Dios y a los demás, hacían buenas obras juntos, se preocupaban los unos por los otros. Todo creyente bautizado debe formar  parte activa de una asamblea o iglesia local. (3) El partimiento del pan: La Cena del Señor es la única reunión  o  celebración  que  el  Señor  Jesús  pidió  explícitamente.  En ella  adoramos  al  Señor  por su maravilloso sacrificio por nosotros y anticipamos su pronto regreso. La invitación de Jesucristo mismo   a todo creyente que le ama es: “Haced esto en memoria  de mí” (1 Corintios11:24,25).

¿Estás respondiendo  a esta hermosa invitación?  Es muy importante que perseveres en esto. (4) Las oraciones: El tiempo de oración  personal es indispensable  para todo creyente. Sin embargo,

también notamos  que los creyentes  en el Nuevo Testamento practicaban y perseveraban en la oración colectiva (Hechos1:14). Juntos  buscaban los recursos de Dios para enfrentar los ataques del enemigo.

 

  1. El bautismo y la Cena del Señor

Muchos  nos hemos preguntado si es necesario ser bautizado para participar  de la Cena del Señor.

Para dar una respuesta, primero  comparemos estos dos actos simbólicos. Son dos cosas distintas:

 

El bautismo  es un testimonio visible de la conversión, mientras que la Cena del Señor es un memorial de la muerte del Señor. El bautismo se refiere a mí, mientras que la Cena se refiere  a Él. El bautismo es una responsabilidad personal, la Cena es un privilegio colectivo entre creyentes. El bautismo es “una sola vez”, la Cena del Señor es una celebración permanente “hasta que Él venga”. Tienen en común,  que tanto el bautismo como la Cena fueron instituidos  por el Señor Jesucristo. Lo normal es que todo creyente participe de los dos (Mateo28:19 y 1 Corintios11:23-

30). En la Biblia no encontramos un versículo  que prohíba que alguien participe de la Cena sin haberse bautizado; sin embargo, lo normal es que el cristiano participe  de la Cena del Señor después  de haberse bautizado. Creemos que esto es cierto por las siguientes razones: (1) Este orden es lógico: Primero,  el bautismo  para demostrar públicamente que si es creyente, luego la Cena para expresar nuestra gratitud al Señor junto  con otros hermanos. (2) Ejemplos bíblicos: Después del nacimiento  de la Iglesia en el día de Pentecostés, notamos que todo creyente  era bautizado enseguida o poco después de su conversión. Por lo tanto, es de esperar que todo creyente que se unía  a los apóstoles y a  los demás hermanos para celebrar la Cena del Señor, ya era bautizado con el bautismo cristiano (Hechos2:41,42). (3) Observación pastoral: Si un creyente no quiere obedecer al Señor con el bautismo cristiano pero sí quiere participar  de la Cena, se le debe preguntar: ¿Por qué no te has bautizado? Si “algo” le impide el bautismo, ese mismo “algo” probablemente también le impide  participar  a la Cena del Señor. Ese “algo”, puede ser rebeldía y falta de sujeción  a la Palabra, o desobediencia al mandamiento, o simplemente  poco amor por el Señor Jesucristo. ¿Estás participando  regularmente  a la Cena del Señor? ¿Estás respondiendo a ese  llamado de amor de nuestro  Salvador: “Haced esto en memoria de mí”? Es un privilegio y también una responsabilidad.

 

  1. ¿Quién debe tomar la iniciativa en cuanto al bautismo?

En otras palabras, ¿debo pedir que me bauticen, o debo esperar que alguien venga y me motive?

En Mateo28:19 el deber recae sobre  el que predica el evangelio. Somos llamados tanto  a hacer

discípulos  como a  bautizar. ¿Entiendes  esto? Si compartes tu fe en Cristo con otro, pero no

promueves el bautismo cristiano, tu evangelismo es incompleto. Nuestro  llamado del Señor es a

evangelizar  (hacer  discípulos),  a  bautizarles  y edificarles  (enseñarles).  Debemos  promover

activamente el bautismo. Por otra parte, el nuevo creyente también tiene la responsabilidad  de

buscar ser bautizado. Si leemos  con cuidado el encuentro entre Felipe y el etíope en Hechos8,

notamos que el etíope es el que toma la iniciativa de pedir el bautismo. Primero Felipe le explica

el evangelio (v.35), lo cual incluyó, sin duda, alguna enseñanza sobre  el bautismo,  porque al

terminar  el  etíope  pregunta  ¿Qué  impide  que yo  sea bautizado?  ¿Te has  hecho  esta  misma

pregunta?  No debes  esperar  que  alguien  te  anime  a que  te  bautices.  Si amas  al  Señor,  la

responsabilidad es tuya. Toma la iniciativa. Comparte tu deseo de bautizarte con la persona que te

anunció  el  evangelio  o  con  algún  hermano   de  confianza  en  la iglesia  local.  Sencillamente

pregúntale “¿Qué impide que yo sea bautizado?”. La responsabilidad de obedecer al Señor en el

paso del bautismo es tuya.

 

  1. ¿Me bautizo o no me bautizo?

Ahora que has estudiado seriamente el tema del bautismo cristiano, el Señor espera una respuesta

de tu parte. No es un ser humano el que te pide actuar, es el Señor mismo, el que te compró con

su sangre, el que te salvó, el que te libró de la ira venidera. La obediencia requiere sacrificio, pero

siempre  trae gozo. Después  de su bautismo,  leemos  que el etíope “siguió  gozoso su camino”

(Hechos8:39). Levanta ahora tus ojos  a los cielos y en quietud dile a tu amante Salvador: “Señor,

 

¿qué  de mi bautismo?” El Señor Jesucristo dice claramente  en Juan14:21:  “El que tiene mis

mandamientos y los guarda, ese es el que me ama”. ¿Le amas?

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