Cursos Online ¿Qué simboliza el bautismo cristiano?

Lección 6

Cursos Online ¿Qué simboliza el bautismo cristiano?

Curso de Bautismo Cristiano Un paso de Obediencia

Curso de Bautismo Cristiano Un paso de Obediencia

(1) Identificación  con  Cristo en  su muerte y resurrección  En los evangelios  encontramos  el mandato del bautismo cristiano y en el libro de los Hechos ejemplos  de su práctica. Para entender el significado del bautismo necesitamos buscar en el resto del Nuevo Testamento, y especialmente en las epístolas. El bautismo es “un paso de obediencia”, porque el creyente que pide ser bautizado, está demostrando amor al Señor y obediencia  a su Palabra. Pero ¿por qué habrá inventado Cristo esta práctica de meternos  al agua? ¿No  habría una forma  más sencilla de demostrar nuestro amor y obediencia al Señor? El Antiguo  Testamento contiene un buen número de actos simbólicos o pequeños ‘dramas’  para ilustrar verdades espirituales. Entre ellos encontramos la celebración  de la Pascua y otras fiestas, la circuncisión de todo varón judío, los lavamientos y sacrificios de los sacerdotes de Israel, y muchos más. El Nuevo Testamento se refiere a estas actividades visibles como “sombras” de  realidades  espirituales  (Hebreos10:1).  En el  Nuevo  Testamento  también encontramos unos cuantos  actos simbólicos,  y debemos  tomarlos  con la  misma  seriedad. El bautismo  es uno de ellos. Es un pequeño ‘drama’  que el Señor pide a todo cristiano hacer UNA  SOLA VEZ después de creer, pues ilustra algo que ocurrió  en el momento  de su conversión. En el momento  de la conversión, una variedad de cosas ocurren: en ese momento nuestros  pecados son perdonados, somos  declarados justos, nacemos de nuevo, recibimos al Espíritu Santo, somos hechos hijos de Dios, entramos  a formar parte del Cuerpo de Cristo (la Iglesia) y mucho más. La forma de ejecutar el bautismo cristiano ha sido escogido por

Dios para representar o “dramatizar” esencialmente DOS de estos cambios. Estos son: (1) Nuestra identificación con Cristo  en su muerte y resurrección, y (2) El fin del viejo hombre y el comienzo de la nueva vida. El primero  de estos, representa un cambio en nuestra POSICIÓN ante los ojos de Dios, de Satanás y de las huestes espirituales. Estudiaremos nuestra posición en Cristo en esta

 

lección. El segundo  aspecto representa  un cambio  en nuestra  CONDICIÓN  INTERNA.  Este cambio lo estudiaremos con más detalle en la próxima lección. Veamos enseguida:

 

  1. ¿Qué significa estar “en Cristo”?
  2. Muertos y sepultados con Cristo.
  3. Resucitados con Cristo.

 

  1. ¿Qué significa estar “en Cristo” El pasaje más extenso y amplio sobre el significado del bautismo lo encontramos en Romanos6:1-14. En el versículo  3, como también en Gálatas3:27, se nos dice que hemos sido “bautizados en Cristo Jesús”. La expresión “en Cristo” ocurre muchas veces en el Nuevo Testamento, generalmente  asociada con las muchas bendiciones que hemos adquirido como creyentes  debido a nuestra “identificación con Cristo”. Tomemos el ejemplo  de un viaje  en bus entre dos ciudades. Cuando el bus sale de la terminal de transportes, yo también salgo porque estoy “en el bus”. Cuando el bus cruza un puente, yo también cruzo el puente porque estoy “en el bus”. Si en una curva la dirección falla y el bus se desploma por una peña abajo, yo también sufro las consecuencias porque estoy “en el bus”. Si el bus llega a tiempo, yo también llego a tiempo. Sencillamente por tener una POSICIÓN dentro del bus, lo que le pasa al bus me afecta a mí. Similarmente, al convertirnos, Dios nos da automáticamente una POSICIÓN “en Cristo”. Como todo creyente está “en Cristo”, y Cristo es santo, Dios Padre nos ve a nosotros como santos,  nos llama  santos  (1 Corintios1:2) y, por lo tanto,  nos asegura  que  “ninguna condenación hay para los que están en Cristo  Jesús” (Romanos8:1). Como todo creyente está “en Cristo” y Cristo es uno solo, Dios Padre nos ve a nosotros  como un solo cuerpo, “así nosotros, siendo muchos, somos un  cuerpo   en   Cristo”  (Romanos12:5).   Dios  no  reconoce   las denominaciones  o agrupaciones humanas. Similarmente, como todo creyente está “en Cristo”, y Cristo recibió el castigo por el pecado al morir en la cruz, entonces, nuestra deuda con Dios Padre quedó  completamente   pagada, “os perdonó   a  vosotros en  Cristo” (Efesios4:32). Cuando  un creyente se bautiza, está dando testimonio  público que está “en Cristo”. Está “dramatizando” su plena identificación con Cristo  en su muerte, sepultura y resurrección: que cuando Cristo murió y resucitó, él también murió y resucitó, porque él está “en Cristo”.

 

  1. Muertos y sepultados con Cristo Este es uno de los maravillosos decretos de Dios. Cuando creemos en el Señor Jesucristo, Dios nos considera como “crucificados con Cristo” (Gálatas2:20), como  “sepultados  con  Él”  (Colosenses2:12),  y como  “plantados  juntamente  con  Él en  la semejanza  de  su muerte”  (Romanos6:5).  Es  decir,  al  nuevo  creyente,  Dios lo cuenta  como crucificado y muerto en la crucifixión y muerte del Señor Jesús. El Señor sufrió en lugar del pecador que ha creído en su nombre. Este glorioso  hecho es simbolizado en el bautismo al sumergir a la persona en el agua. Es “sepultada” momentáneamente, mostrando  que su muerte ya ocurrió en la muerte de Cristo.

 

El Bautismo: La confesión pública de lo que pasó cuando recibí a Cristo  como Salvador El día en que un hombre  muere,  una variedad de cosas ocurren. Por ejemplo, si es casado, al morir, su esposa queda libre para casarse con otro. Si tiene una finca, al morir deja de ser suya y pasa a ser de  sus herederos.  Similarmente, el haber muerto  con Cristo trae  consigo   una  variedad  de consecuencias. Entre ellas:

 

(1) Quedamos sin deuda: Al estar “muerto” en Él, el creyente “ha sido justificado del pecado” (Romanos6:7),  es decir, Cristo pagó todo  el precio  de todos  sus pecados.  ¡Qué  maravillosa consecuencia! ¡Toda la deuda ha sido  pagada! ¿Quién vendrá a acusarnos o a cobrarnos? ¡Estamos libres!

(2) Quedamos libres de la ley: “La ley se enseñorea del hombre, entretanto que éste vive… Así también  vosotros, hermanos  míos, habéis  muerto a  la  ley mediante  el  cuerpo  de  Cristo” (Romanos7:1,4). ¡Ésta es otra consecuencia maravillosa! ¡Libres de la ley! Las leyes descritas en el Antiguo Testamento, junto con sus castigos, no tienen poder alguno sobre los muertos, y en Cristo el creyente ha muerto.  Nuestra  nueva POSICIÓN en Cristo, nos libera de las tremendas demandas de la ley. En verdad que no se le ha escapado ningún  detalle  a nuestro Dios y Padre,

¡sea bendito para siempre! Como cristianos, buscamos obedecer y agradar al Señor porque le amamos y no porque estamos bajo las leyes dadas por Moisés al pueblo judío. Debemos conservar firmemente esta libertad que tenemos  “en Cristo” y cuidarnos  de no volvernos a  “esclavizar” (Gálatas4:9) con reglas que Dios nunca diseñó para el cristiano.

 

  1. Resucitados con Cristo. Cuando somos bautizados, primero somos sumergidos en el agua, como  una  representación que hemos  muerto  con Cristo y hemos sido sepultados  con Él. En seguida somos  sacados del agua, en semejanza de la resurrección del Señor, para mostrar que en el momento  de recibirlo como Salvador, también resucitamos con Él (Efesios2:6). El Señor ha dado muchas instrucciones para aquellos que hemos “resucitado” con Cristo. El haber muerto, nos libra de la ley y de nuestra deuda de pecado, como  ya hemos   visto.El haber resucitado, nos introduce a una nueva vida. Entonces, ¿qué dice el Señor a los “resucitados”?

 

(1) “Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado  a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo  en Dios” (Colosenses3:1-3). Dicho de otra manera, el resucitado debe vivir de acuerdo con su nueva POSICIÓN.  “Os ruego  que andéis  como  es digno  de la vocación  con que  fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre,  soportándoos  con paciencia los unos  a los otros en amor”  (Efesios4:1,2).  Así  como  un nuevo   presidente   debe comportarse  de  acuerdo  a   su POSICIÓN  como  presidente,  así  también nosotros  los creyentes  debemos  comportarnos  de acuerdo  a nuestra   nueva POSICIÓN. Nuestras acciones  deben ser hechas con proyección   a la eternidad, atesorando en los cielos más bien que en la tierra.

(2) Ya no hay necesidad de temer a Satanás ni a sus huestes, pues son enemigos derrotados. Consu resurrección,  Jesucristo  derrotó  definitivamente  a  Satanás  y a  sus huestes.  Como  creyentes compartimos esta victoria de Cristo. Satanás  sabe muy bien  que el creyente está firmemente asegurado en el equipo ganador. ¿Temes a Satanás y su mala influencia?  Recuerda tu POSICIÓN. Estás “en Cristo”. Después  de su resurrección, Cristo dijo: “Toda potestad (autoridad o poder) me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo28:18). Debemos ser sobrios y velar porque Satanás busca la caída del creyente descuidado (1 Pedro5:8), pero nunca debemos “temer” a Satanás.

 

Una pregunta personal: ¿Estás gozando  de la seguridad  de estar “en Cristo”? ¿Vives una vida digna de esta posición tan especial? ¿Con cuánto empeño estás buscando las cosas de arriba?

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