Sección adicional para aquellos que desean profundizar

Apéndices
Sección adicional para aquellos que desean profundizar

Apéndice 1
¿Qué sucede cuando un creyente se aparta?

En la Lección 3 consideramos algunas de las promesas de Dios que aseguran nuestra salvación. Tristemente algunos aprovechan estas hermosas promesas para justificar que pueden vivir de cualquier manera. El apóstol Pablo se pronuncia a este respecto cuando pregunta “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?” y contesta enfáticamente: ¡”En ninguna manera”! (Romanos6:1,2). Nuestro nuevo nacimiento depende de la obra de Cristo y es irreversible, pero después de haber sido hechos miembros de la familia de Dios, nuestro Padre celestial espera ver cambios en nuestra forma de vivir, que andemos “como es digno de la vocación con que fuisteis llamados” (Efesios4:1). ¿Debe el cristiano hacer buenas obras? Por supuesto que sí. Efesios2:8-10 nos enseña que el creyente es salvo por GRACIA, es decir, no lo merece. Nos dice también que NO nos salvamos por obras. El buen comportamiento y las buenas obras son muy importantes pero después de haber nacido de nuevo, pues así demostramos que somos hijos de Dios y hacemos que los hombres glorifiquen a Dios (Mateo5:14-16). Pero como hemos visto, estas buenas obras no nos pueden salvar, ni nos mantienen salvos. Probablemente conoces a alguna persona que dice ser creyente pero se ha apartado de los caminos de Dios. Algunas de estas personas han sido bautizadas, otras han participado de la Cena del Señor o incluso han enseñado la Palabra de Dios a otros. ¿Será que cuando se apartan y vuelven al mundo pierden su salvación? Cada caso es diferente, y cada caso trae mucha tristeza. Lo cierto es que hay dos posibilidades:

(1) Que fue una imitación de cristiano: La persona trató de comportarse como un creyente por unos meses o años, luego se cansó y volvió a vivir como antes. Aunque aparentó vivir una vida cristiana (con actividades, cantos, oraciones y estudios) nunca se entregó de corazón a Jesucristo. Un ejemplo de esto es el caso de Judas Iscariote. En realidad nunca fue un creyente. Volvió a vivir visiblemente lo que siempre había sido: inconverso. Este era de los que “salieron de nosotros, pero no eran de nosotros” (1 Juan2:19).
(2) Que es un cristiano carnal: La otra posibilidad es que la persona sea un verdadero hijo de Dios pero cedió ante la tentación. Es un cristiano que anda mal, siguiendo sus propios deseos y no la voluntad de Dios. Estos no dejan de ser cristianos. La Biblia se refiere a estos como cristianos “carnales” (1 Corintios3:1-3). Estos no pierden su salvación, porque su salvación depende de la
obra perfecta de Cristo y no de su comportamiento, pero sí pierden las bendiciones de Dios en esta vida. Pierden el gozo de andar con Cristo. Pero pierden más. En 1 Corintios3:15 leemos: “Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.” El cristiano carnal pierde lo que construye con su vida, pero por la gracia de Dios “él mismo será salvo.” ¡Qué tristeza llegar a la presencia de nuestro Señor y Salvador sin haber hecho nada útil para Él! Nunca debemos tratar esto con liviandad. Dios no quita su salvación, pero a veces Él castiga al creyente carnal con enfermedad o aun con la muerte (1 Corintios5:4,5;
11:29,30). Cuando una persona que profesa ser creyente se aparta de los caminos del Señor no sabemos a cuál de estos dos grupos pertenece. Puede ser que nunca fue un creyente, o puede ser que es un creyente carnal. Dios lo sabe. A nosotros no nos corresponde juzgar. Es Cristo, el Pastor, quien conoce cuáles son sus ovejas (Juan10:27). Oremos por su verdadera conversión o por su restauración.

Apéndice 2
¿Qué pasa con un bebé que muere sin ser bautizado?

Algunos han mal interpretado versículos como Juan3:5: “el que no naciere de agua y del Espíritu, no pude entrar en el Reino de Dios.” Piensan que la expresión “agua” se refiere aquí al bautismo, y por lo tanto se apresuran a bautizar a un bebé lo más pronto posible. También se ha inventado un lugar llamado “limbo” para aquellos bebés que mueren sin bautismo. La Biblia habla solamente del cielo y del infierno. Pero no encontramos ni una sola referencia al limbo ni al purgatorio. La Biblia enseña claramente que los niños son del Señor (Lucas18:16). Al morir un hijo del rey David después de sólo siete días de nacido, David exclamó: “Yo voy a él, mas él no volverá a mí” (2
Samuel12:23). David, como creyente, y su bebé no bautizado se encontrarán en el mismo lugar:
el cielo. Para el significado de la palabra “agua” en Juan3:5, ver el Apéndice 4.

Apéndice 3
Ser llenos del Espíritu y el bautismo en el Espíritu Santo

Este tema ha traído mucha confusión dentro del pueblo de Dios especialmente en estos últimos
100 años. ¿En quién mora el Espíritu Santo? ¿Cómo puedo saber si tengo el Espíritu Santo?
¿Cuándo somos bautizados con el Espíritu Santo? ¿Qué es ser lleno del Espíritu Santo? Miremos
la Palabra de Dios: El Espíritu Santo mora en el creyente desde su conversión Cuando una persona
se convierte en un cristiano, en ese instante recibe también al Espíritu Santo: “habiendo oído la
Palabra de verdad… y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo” (Efesios1:13).
La Biblia no contempla la posibilidad de que exista un cristiano sin el Espíritu Santo, tanto que el
apóstol Pablo afirma: “Si alguno no tiene al Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos8:9).
Jesucristo mismo enseña que todo creyente tiene el Espíritu Santo (Juan7:38,39). Algunos
cristianos en la ciudad de Corinto no sabían que el Espíritu Santo vivía dentro de ellos, por eso el
apóstol Pablo les pregunta: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo de Espíritu Santo, el cual
está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios6:19). Sin ellos
pedirlo, aún sin ellos saberlo, el Espíritu Santo ya moraba dentro de ellos. Los escritores del Nuevo
Testamento toman por sentado que Dios ha dado su Espíritu Santo a todos los creyentes. (Ver por
ejemplo 1 Tesalonicenses4:8 y 1 Juan3:24,4:13). Dios promete dar su Espíritu cuando creemos.
Si Dios dice que el Espíritu Santo mora dentro de cada creyente, sencillamente debemos aceptar
su Palabra por fe. – El Bautismo del Espíritu Santo es un evento histórico La expresión “bautismo
en (o con) el Espíritu Santo” la encontramos sólo siete veces en el Nuevo Testamento. Al estudiar
estas siete referencias podremos entender su significado:

• Cuatro veces es usada por Juan el Bautista, refiriéndose al ministerio de Jesús: Mateo3:11, Marcos1:8, Lucas3:16 y Juan1:33.
• Una vez es usada por el Señor Jesucristo al referirse a la profecía de Juan el Bautista: Hechos1:5-
8. Aquí explica que el evento del “bautismo con el Espíritu Santo” se cumpliría “dentro de no
muchos días”, es decir, en la fiesta de Pentecostés narrada en Hechos2.
• Una vez es usada por el apóstol Pedro en Hechos11:15,16. Aquí cita las palabras del Señor
Jesucristo mencionadas en Hechos1:5 y muestra que ahora los gentiles (la casa de Cornelio)
también eran hechos partícipes del evento inaugural del bautismo del Espíritu Santo, de la misma
manera que los judíos congregados en el día de Pentecostés lo fueron “al principio” de la Iglesia.
• La séptima y última referencia a este bautismo, es hecha por el apóstol Pablo en 1 Corintios12:13.
Dice “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos,
sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”. La iglesia en Corinto
la formaban creyentes maduros e inmaduros, espirituales y carnales, y aun así el apóstol firma que
“fuimos todos bautizados”.

En conclusión podemos afirmar que el bautismo en el Espíritu Santo es el evento inicial que se cumplió cuando el divino Espíritu fue derramado sobre los creyentes el día de Pentecostés. Este bautismo unió a todos los creyentes en un solo Cuerpo y así se dio inicio a la Iglesia. En el momento en que un pecador se arrepiente y se rinde a Cristo, en ese momento automáticamente se hace partícipe del bautismo del Espíritu Santo. El bautismo del Espíritu Santo coloca al creyente en el cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Por eso todo creyente puede decir con certeza “yo he sido bautizado con el Espíritu Santo”. ¿Cuándo? “En el día de mi conversión”. Note que no existe ni una sola ocasión donde se nos exhorte a buscar o a pedir el bautismo del Espíritu Santo. Pero sí debemos buscar ser llenos del Espíritu Santo. Todo creyente debe buscar ser lleno del Espíritu Santo La expresión “ser lleno del Espíritu Santo” es usada en la Biblia en tres maneras diferentes:

(1) Se utiliza para referirse a una experiencia continua, una característica normal de la vida de un creyente. Por ejemplo, era una característica de los siete varones elegidos en Hechos6:3,5; también de Bernabé (Hechos1:24) y de los creyentes en Antioquía de Pisidia (Hechos13:52).
(2) También se utiliza cuando Dios da un poder especial para un ministerio, llamado u oficio específico. Este es el caso de Juan el Bautista (Lucas1:15-17) y del apóstol Pablo (Hechos9:17-
22).
(3) Hay ocasiones cuando el “ser lleno del Espíritu” se ve asociado con ciertos trabajos inmediatos
o situaciones de crisis. Este es el caso de Zacarías y Elisabet, el estar llenos del Espíritu Santo les
permitió profetizar (Lucas1:41,42,67). En el caso de Pedro, el estar lleno del Espíritu Santo le
capacitó para presentar el evangelio ante el Sanedrín (Hechos4:7,8). Al ser llenos del Espíritu
Santo, los creyentes en Jerusalén recibieron poder para predicar bajo persecución (Hechos4:29-
31), y Esteban recibió valor para enfrentar el martirio (Hechos7:55-60). Al ser lleno del Espíritu
Santo, el apóstol Pablo recibió poder para reprender a Satanás, en el caso del mago Elimas
(Hechos13:8,9).

La Palabra de Dios sí exhorta a todo creyente a buscar ser lleno del Espíritu Santo. En Efesios5:18 leemos: “…antes bien, sed llenos del Espíritu Santo”. Dios quiere que nosotros nos rindamos a la dirección del Espíritu Santo en nuestra vida. Esto sí es una experiencia de todos los días y es un mandato del Señor. Desafortunadamente hay muchos cristianos que viven su vida a su manera y no permiten que Cristo dirija sus decisiones y comportamiento a través de su Espíritu Santo. Vivir llenos del Espíritu Santo es lo mismo que “andar en el Espíritu” (Gálatas5:16), “andar por el Espíritu” (Gálatas5:25), también “servir a Dios en el Espíritu” (Filipenses3:3). El resultado de ser
controlado o lleno del Espíritu Santo es la formación progresiva de un carácter como el de Cristo, de una vida de santidad. La plenitud del Espíritu Santo se demuestra en un carácter moral regenerado, una vida de santidad. ¿Cómo se supo que los siete varones en Hechos6 estaban llenos del Espíritu Santo? Por el fruto del Espíritu Santo en sus vidas: las características de una vida llena del Espíritu de Dios la encontramos en Gálatas5:22,23. Pero, a nivel personal, ¿cómo estás viviendo? ¿Estás buscando la dirección del Espíritu Santo en las decisiones de tu vida? ¿Estás dejando que el Espíritu controle tu vida? Ejemplo de los creyentes en Corinto.

Los creyentes en la iglesia de Corinto nos ilustran lo que hemos visto hasta ahora: (1) El Espíritu Santo moraba en todos los creyentes (1 Corintios6:19).
(2) Todo creyente había sido bautizado por (o en) el Espíritu Santo (1 Corintios12:13).
(3) Todo creyente había recibido por lo menos un don del Espíritu Santo (1 Corintios1:4-7,12:7).
(4) El apóstol clasificó a estos creyentes en dos grupos: carnales y espirituales (1 Corintios3:1-3).
Ambos grupos habían recibido al Espíritu Santo, los dos habían sido bautizados con el Espíritu
Santo. El cristiano carnal es el que no se deja guiar por el Espíritu Santo, es decir, no está lleno
del Espíritu Santo.
(5) Lo que demuestra que un creyente está lleno del Espíritu Santo no son sus dones, pues todo
creyente ha recibido un don o más, sino su carácter transformado, su forma de ser, la vida de
Cristo manifestada en su vida diaria.

Apéndice 4
Algunos versículos relacionados con el bautismo que pueden causar confusión

MARCOS 16:15,16 “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere será condenado”.
Para ver una explicación de este pasaje, ver la tercera parte de la Lección 4.

JUAN 3:5 “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. La palabra “agua” en la expresión “nacer de agua y del espíritu” no puede referirse al bautismo. Esto es claro al comparar la expresión citada con el resto del capítulo 3. Cristo afirma que la salvación es por creer únicamente: “todo aquel que en Él (Cristo) cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Esto se repite cuatro veces (versículos 15,16,18 y 36). La expresión “nacer de agua y del Espíritu” no se refiere al bautismo sino a nacer de la Palabra y del Espíritu. El vocablo “agua” aquí como en otros pasajes, representa la Palabra de Dios. Más adelante, en Juan 15:3, Jesucristo les dice a sus discípulos: “Vosotros estáis limpios por la Palabra que os he hablado.” También en Efesios5:26 leemos: “para santificarla [La Iglesia], habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la Palabra”. La estrecha relación entre el nuevo nacimiento y la Palabra también la encontramos en Santiago1:18: “nos hizo nacer (de nuevo) por la Palabra de verdad” y en 1
Pedro1:23: “siendo renacidos… por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre”. El
apóstol Pablo explica así la relación entre la fe para salvación y la Palabra: “La fe es por el oír, y
el oír por la Palabra de Dios” (Romanos10:17).

HECHOS 2:38 “Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” Puesto que éste no es el único versículo en la Biblia que habla sobre el bautismo, el perdón y el Espíritu Santo, debemos compararlo con las otras enseñanzas del apóstol Pedro y con otras Escrituras. El segundo
capítulo de los Hechos comienza con el nacimiento de la Iglesia en el día de Pentecostés. En este día el Espíritu Santo descendió y bautizó a todos los creyentes en un solo cuerpo. Milagrosamente los creyentes recibieron la capacidad de hablar en diferentes idiomas o lenguas como señal de que el Espíritu Santo había sido derramado sobre ellos, conforme a las predicciones del profeta Joel (Hechos2:16). En estos momentos se levantó el apóstol Pedro y se dirigió al pueblo judío allí presente, a aquellos culpables de rechazar y crucificar a Cristo, el Mesías prometido (vv.14,
22,36). Con palabras claras y directas les dice a sus compatriotas que ellos han cometido un gran error al crucificar a Cristo (vv.23,36). Les exhorta a que reconozcan su vil pecado, se arrepientan y se identifiquen públicamente con Jesucristo a través del BAUTISMO (vv.37,38). Los judíos que respondieron a este llamado del apóstol Pedro fueron PERDONADOS de la grave falta de haber crucificado al Cristo, y recibieron el don del ESPÍRITU SANTO como lo habían recibido los demás creyentes. Este mensaje especial de Pedro a los judíos que pidieron la crucifixión de Cristo, no es base suficiente para concluir que el bautismo cristiano es para perdón de pecados. Para despejar toda duda, el mismo apóstol Pedro aclara varias veces más adelante, que el perdón se recibe por la fe (no por el bautismo), pues dice: “arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos3:19). Perdón de pecados sin bautismo. Pedro también nos muestra que los profetas enseñaban esta verdad: “De este [Jesús] dan testimonio todos los profetas, que todos los que en Él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos10:43). ¿Qué significa entonces este versículo? Ya hemos visto como en el tiempo de los Hechos los creyentes se hacían bautizar inmediatamente. En este versículo, Pedro está exhortando a sus oyentes a dar dos pasos que, para ellos, serían simultáneos: (1) arrepentimiento sincero – nótese que esta es la primera e indispensable condición, y (2) bautismo cristiano. Así, mostrarían públicamente su identificación con Cristo como Salvador. Esto conllevaría dos consecuencias también simultáneas: (1) el perdón de pecados y (2) el don del Espíritu Santo.

HECHOS 22:16 Ananías le dijo a Saulo: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.” Gracias a Dios, la conversión de Saulo (después llamado Pablo) es narrada tres veces en el libro de los Hechos, en los capítulos 9,22 y
26. Al compararlas entenderemos mejor estas palabras de Ananías. La conversión, o cambio interior de Saulo, ocurrió en el camino a Damasco momentos después de caer al suelo, cuando tuvo un encuentro personal con Cristo (Hechos9:4-6). Por lo tanto, cuando Ananías luego le visita, lo saluda diciéndole: “Hermano Saulo” (9:17). Es de notar que Saulo recibe del Señor el llamado al ministerio antes de ser bautizado (Hechos22:14-16) y Dios nunca llama inconversos al ministerio. Es evidente entonces que Saulo ya había creído y por lo tanto ya había recibido el perdón de Dios antes de ser bautizado. Al visitarle, Ananías lo anima a que inmediatamente se bautice, demostrando su arrepentimiento, perdón y salvación, e identificándose públicamente con Jesucristo. Años después, el apóstol Pablo (Saulo) es muy claro en su enseñanza: Es la sangre de Cristo, y no el bautismo, lo que nos limpia del pecado: “tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Efesios1:7). La instrucción para nosotros es: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos16:31). También Pablo nos escribe: “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos10:9). Cristo mismo enseña esta verdad. Cuando se le apareció al apóstol Pablo en el camino a Damasco, le encomienda la tarea de ser “ministro y testigo” tanto a judíos como a gentiles, “para que reciban, por la fe que es en Mí, perdón de pecados y herencia entre los
santificados” (Hechos26:15-18). Jesucristo mismo nos confirma que el perdón y la salvación se reciben por FE en Cristo y no por el bautismo. Observemos que la orden de Ananías a Saulo tiene
dos partes: (1) “levántate y bautízate” y (2) “lava tus pecados, invocando su nombre”. Pablo ya era creyente pero durante esos tres días de reflexión y seguramente sintió más y más el peso de sus propios pecados, su orgullo, su terquedad. Como creyente debía confesar estas cosas, invocando el nombre de su Señor, para así ser limpiado de ellas. Así pues, la conexión no es entre “bautízate” y “lava tus pecados”, sino entre “lava tus pecados” e “invocando su nombre”. Nosotros también con regularidad debemos invocar el nombre de Cristo y confesar nuestros pecados para así ser limpiados (1 Juan1:8-10).

1 PEDRO 3:20,21 “[Noé y su familia, ocho personas en total] fueron salvadas por agua. El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”. Algunos piensan que este verso da pie para pensar que el bautismo nos salva. Pero notemos que aquí hay una doble analogía: Tanto en el diluvio como en el bautismo el “agua” habla de juicio, la muerte de los impíos contemporáneos de Noé y la muerte de Cristo (y el creyente que “muere en Él” al acogerse a la obra de Cristo a su favor). Pero aquí también, es el “agua” la que salva, pues el agua llevó a flote el arca y la muerte de Cristo es la que nos trajo salvación. El instrumento que Dios usó para juicio también lo usó para salvación. En el caso del diluvio, el instrumento de juicio y salvación fue el agua. En el caso nuestro, el instrumento de Dios fue la muerte de Cristo, simbolizada en el “agua” del bautismo. Es de notar que el símbolo del bautismo, y lo que representa (la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, y nuestra identificación con Él en estas experiencias) están tan estrechamente ligadas, que a veces se usa el símbolo para referirse a la realidad que representa. Por otra parte, este versículo nos aclara el hecho que el bautismo no quita las inmundicias de la “carne” (pues el bautismo no tiene ese poder). En cambio, sí demuestra una respuesta de obediencia a Dios, un deseo de andar en la vida nueva. Podemos mirar el versículo que nos ocupa desde otro ángulo. Comparémoslo con Romanos10:10: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” Notemos que el creer de todo corazón (cambio interno) es seguido necesariamente por la confesión con la boca (manifestación externa y pública). Este versículo no está condenando a personas mudas que no pueden confesar su salvación verbalmente a otros. Sencillamente enseña que la verdadera fe se manifiesta por las obras que produce. Así, en el pasaje de 1 Pedro, el apóstol menciona el bautismo como la forma normal en que el creyente confiesa públicamente la actitud interior que le ha salvado: fe en la eficacia de la muerte y resurrección de Cristo.

1 CORINTIOS 15:29 “De otro modo, ¿que harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos? Algunos piensan que este versículo indica que los creyentes se bautizaban a nombre de familiares fallecidos, quienes no alcanzaron a ser bautizados durante su vida. Esto es muy poco probable. En primer lugar, en ninguna parte de la Biblia se habla de semejante costumbre. No existe ninguna instrucción bíblica para ello. Al contrario, tanto el creer, como el ser bautizado, son decisiones que debe tomar la persona misma. ¿Qué significa, entonces, este versículo? Hay algunas posibilidades:

(1) La expresión griega traducida “se bautizaban por los muertos”, también permite la traducción “se bautizaban debido a los muertos”. En este caso, el versículo podría referirse a aquellos nuevos creyentes que buscaban ser bautizados debido al testimonio de la muerte reciente (y probablemente violenta) de algunos creyentes. Estos se bautizaban en la esperanza de ser reunidos
con ellos en la resurrección. Si la muerte es el fin de todo, y no hay resurrección, todo esto sería inútil.
(2) Otra posible explicación, es que Pablo se estaba refiriendo a los creyentes nuevos, los cuales, al ser bautizados, estaban llenando los espacios vacíos en la iglesia y en la obra del Señor que dejaban aquellos que habían muerto. De esta manera ellos eran bautizados “por” (o “en lugar de”) los hermanos que ya habían muerto. Este tomar el lugar de creyentes fallecidos, ya sea tomando su lugar en la asamblea o en la obra, claramente no tendría sentido, dice Pablo, si la resurrección no fuera una realidad.

Apéndice 5
La naturaleza del único Dios verdadero

El estudio detenido de la naturaleza de Dios es un tema tan fascinante como humillante. Abre nuestras mentes a la consideración de realidades del mundo espiritual, convirtiéndonos en adoradores. Humilla hasta la mente más altiva al considerar horizontes más allá de nuestros mejores intentos de comprensión. Dos Advertencias:

(1) El lenguaje humano se ha desarrollado para describir experiencias y realidades terrenales. No es de sorprender, que cuando Dios busca revelar su naturaleza usando nuestro lenguaje, no existan las palabras aptas para describirla adecuadamente.
(2) La Palabra dice, que para comprender las cosas espirituales es necesario ser espiritual. “El hombre natural” (el que no ha nacido de nuevo) no entiende las cosas de Dios. Para él son locura” (1 Corintios2:14).

¿Qué es la Trinidad?
Como vamos a ver, lo que encontramos en la Biblia es que “Dios es uno y hay tres que son Dios:
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”. A esta revelación incomprensible se le ha dado el nombre
de Trinidad (TRI-UNIDAD). La palabra Trinidad, cómo las palabras omnipresente, omnipotente,
omnisciente, no se encuentra en la Biblia, pero estas sí describen verdades reveladas en las
Escrituras. Los cristianos a través de los siglos han aceptado la doctrina de la Trinidad al notar las
siguientes 4 verdades:

VERDAD No. 1 : “Existe un solo Dios verdadero” Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son enfáticos en afirmar que hay un solo Dios. “Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio4:35,39;6:4). “Yo soy el primero, y Yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios” (Isaías44:6). “Dios es uno” (Gálatas3:20; Santiago2:19). La Biblia NO nos permite pensar en la existencia de tres Dioses.

VERDAD No. 2: “EL PADRE es Dios” Jesucristo se refiere al Padre como Dios. En muchas de sus enseñanzas usa las palabras “Padre” y “Dios” refiriéndose a la misma persona. Ver por ejemplo Mateo6:26,30. El apóstol Pablo afirma: “sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas” (1 Corintios8:6). La Biblia describe al Padre como Dios.

VERDAD No. 3: “EL HIJO es Dios y es diferente al Padre” Esta verdad consta de dos partes. Explorémoslas: Primero: La Biblia enseña que el Hijo es Dios. (1) Las palabras de Jesucristo: Es de notar que Cristo nunca dijo las palabras “yo soy Dios”, pero sí afirmó cosas como: “Yo y el
Padre uno somos” Juan10:30), “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan14:7,9). Tomó para sí mismo uno de los títulos de Dios: “Yo Soy” (Juan8:58, Éxodo3:14,15). Tal vez para nosotros algunas de estas expresiones son inconclusas, pero para los críticos de Jesucristo en aquel entonces, no había ninguna duda: Cristo afirmaba ser Dios y por eso buscaban apedrearle (Juan8:59, Levítico24:16). Ante Pilato lo acusaron porque “se hizo a sí mismo Hijo de Dios” (Juan19:7). Cristo aceptó
la acusación. No intentó corregirles. El sumo sacerdote le dijo “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. “Fácilmente hubiera podido evitar la crucifixión al responder negativamente. Pero Cristo acepta la afirmación al contestar “Tú lo has dicho; y además os digo que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios…” (Mateo26:63,64). Todos entendieron esto como una afirmación clara que era Dios, y lo crucificaron. (2) Las acciones de Jesucristo: Leemos que Cristo se comporta como Dios: controla la naturaleza, tiene autoridad sobre la muerte, pero más importante aún, Cristo toma sobre sí el derecho de perdonar pecados aunque era conocido por todos que sólo Dios perdona pecados (Marcos2:5,7). También acepta la adoración de Tomás, y sólo Dios es digno de adoración. Tomás le dijo “Señor mío y Dios mío!”. Cristo no le dice “yo no soy Dios”. Antes le reprende por ser tardo en creer (Juan20:28,29). (3) Las enseñanzas de los apóstoles: No hay duda que los apóstoles enseñaban que el Hijo es Dios. Por ejemplo “Cristo, el cual es Dios” (Romanos9:5). “En él (el Hijo) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses2:9). “…nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito2:13). Segundo: La Biblia describe al Padre y al Hijo como personas diferentes. En los evangelios encontramos que Cristo ora frecuentemente. ¿A quién oraba? Lo cierto es que no hablaba consigo mismo (Lucas6:12). En la cruz clamó “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has desamparado?” Al cargar con nuestros pecados, Cristo sintió un distanciamiento entre Él y el Padre. Momentos antes de entregarse para ser crucificado, Cristo oró “no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lucas22:42). Hay dos voluntades “la mía” y “la tuya”. Esto implica dos personas. Notemos el argumento de Cristo en Juan8:17-19: La ley decía que el testimonio de DOS personas era válido. Cristo dice que hay DOS que dan testimonio de Él. ¿Quiénes? Él mismo y el Padre. Los distingue como dos personas. Si queda alguna duda, miremos cómo Cristo ora al Padre en Juan17:11,12 “para que sean uno así como nosotros”.

VERDAD No. 4: “EL ESPÍRITU SANTO es una persona, es Dios y es diferente al Padre y al Hijo” El Espíritu Santo es la persona de la Trinidad que hace que la Deidad sea real para nosotros. La Deidad obra en el creyente y en la Iglesia por medio del Espíritu Santo. Por eso notamos que el Espíritu Santo está relacionado con poder y con acción. Debemos notar que el Espíritu capacita y da poder, pero Él no es una fuerza o una energía impersonal. La verdad que estamos considerando consta de tres partes. Veámoslas: Primero: La Biblia describe al Espíritu Santo como una persona. Al referirse al Espíritu Santo, las Escrituras siempre utilizan un pronombre para una “persona” y no para una “cosa”. ¿Por qué? Porque es una persona. En Juan14:16 Jesucristo dice “rogaré al Padre y él os dará otro Consolador”. La palabra “otro” aquí
significa “de la misma clase”. Implica tanto personalidad como divinidad. Notamos también que el Espíritu Santo demuestra características de “persona” como tener inteligencia (Juan14:26), voluntad (1 Corintios12:11) y emociones (Efesios4:30). En Hechos15:28 los apóstoles y ancianos escribieron “nos ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros…”. El Espíritu Santo tiene una opinión. Estas no son características de una fuerza o energía sino de una persona. Segundo: La Biblia describe al Espíritu Santo como Dios. Notamos que le da atributos divinos al Espíritu Santo, tales como conocer todas las cosas (1 Corintios2:10,11) y ser eterno(Hebreos9:14). Es interesante
notar en Hechos5, que cuando Ananías y Safira pecaron, Pedro les afirmó en el v.3 que habían mentido contra el Espíritu Santo. Luego en el v.4 aclara “No has mentido a los hombres, sino a Dios” ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo es Dios. En 1 Corintios3:16,17 se nos dice que somos templos del Espíritu Santo; más adelante se nos afirma que somos templos de Dios (1
Corintios6:19,20). Si pensamos que el Espíritu Santo es inferior al Padre o al Hijo, reflexionemos sobre las palabras de Cristo en cuanto a las blasfemias en Mateo12:31,32. Toda blasfemia será perdonada, aun blasfemias contra el Hijo, pero no las que se profieran contra la persona divina del Espíritu Santo. Tercero: Notamos que en la Biblia, el Espíritu Santo es una persona diferente al Padre y al Hijo. Miremos cuidadosamente algunas de sus actividades: (1) Cuando Cristo bajó a las aguas del bautismo, el Padre declaró desde el cielo “Tú eres mi Hijo amado, en ti tengo complacencia”. Luego el Espíritu Santo descendió sobre Él como paloma (Lucas3:21,22). Aquí los tres se distinguen, cada uno haciendo una actividad diferente. (2) Notamos lo mismo en la obra de redención: Es el Padre quien nos amó y dio a su Hijo (Juan3:16). Es el Hijo el que fue crucificado por nuestros pecados (1 Pedro2:24). Es el Espíritu Santo el que obra en nuestro corazón para que sintamos nuestro pecado y busquemos a Cristo con el fin obtener esta salvación (Juan16:7-10). (3) En cuanto a la venida del Espíritu Santo, leemos que el Hijo ruega al Padre para que envíe al Espíritu Santo. Luego el Padre y el Hijo juntos envían el Espíritu Santo (Juan14:16-26;15:26).

Conclusión:
Uniendo estas 4 verdades, concluimos que la Biblia enseña que existe un solo Dios verdadero, y
que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son Dios, y que, sin dejar de ser un solo Dios verdadero,
el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo demuestran personalidad y son distintos. Esta es la doctrina
de la Trinidad. Que el Señor nos ayude a no tomar esta revelación con liviandad, sino a “contender
ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 13).

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