Primeros Pasos para el Nuevo Creyente

Primeros Pasos para el Nuevo Creyente

Diez Primeros Pasos para el Nuevo Creyente.

El carcelero de la antigua cuidad griega de Filipos hizo una vez a dos de sus presos la pregunta más importante de toda su vida:

Qué debo hacer para ser salvo?

Los dos presos, cuyos nombres eran Pablo y Silas, sabían la respuesta:

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31).

El carcelero de Filipos efectivamente creyó en Jesús; y fue salvo. Es probable que el carcelero volvió a preguntar a Pablo y a Silas: ¿Qué debo hacer ahora?. Y ellos deben habérselo dicho; porque en el lapso de pocas horas el carcelero había dado varios de los pasos importantes que el nuevo creyente debe dar.

Tal vez también has confiado en Jesucristo como tu Salvador, y tal vez te estás preguntando: “¿Qué debo hacer ahora?”

Si es así, esta página es para que tú la leas.

Al dar estos diez primeros pasos sencillos como nuevo creyente, tu nueva jornada al cielo adquirirá una nueva emoción y propósito.

1°Paso: Asegúrate que eres salvo

Hay solamente un requisito para la salvación: la fe en Jesucristo. Sencillamente cree en él. Esto es todo lo que necesitas.

No te salvas por pertenecer a cierta iglesia o denominación en particular; ¡ninguna iglesia salva! No eres salvo por tus buenas obras o porque éstas valen más que tus malas obras. ¡Las obras no salvan!

Eres salvo únicamente por la fe en el Salvador que es Jesucristo.

Saulo también batallaba con el problema de como agradar a Dios. Encuentra su historia en la Biblia.

Antes de llegar a creer en Jesús, Saulo había tratado ya, de hacer todas las cosas “religiosas” posibles para agradar a Dios. Se consideraba moralmente íntegro, aunque perseguía a los cristianos. El pensaba que había hecho suficientes “buenas” obras para agradar a Dios.

Pero un día, viajando por el camino de Jerusalén a la capital Siria de Damasco, oyó la voz de Jesucristo. De súbito Saulo se dio cuenta de que era un pecador, y por el poder de Dios fue gloriosamente salvado. Nunca más volvió a ser el mismo. Nació de nuevo. Nació de arriba. Nació del Espíritu. Posteriormente se le conoció como el apóstol Pablo.

Después de haber creído en Jesús, Pablo meditó sobre como puede ser salva una persona. Estudió las Escrituras, repasó su propia experiencia personal, y luego llegó a una conclusión: “El hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28).

El gran reformador Martín Lutero, siglos más tarde, llegó a la misma conclusión; igual que millones de otras personas.

Cuando Jesús estaba colgado en la cruz había un ladrón en otra cruz junto a la Suya. Este ladrón se volvió a Jesús y le dijo: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42). Nadie podría haber pronunciado esas palabras sin una fe real. Creyó. Jesús le respondió: “Hoy estarás conmigo en el paraíso.”

Este ladrón no tuvo la oportunidad de bautizarse. Tampoco tuvo tiempo para unirse a alguna iglesia, ni la posibilidad de hacer buenas obras. Estaba muriendo. Lo único que tuvo tiempo fue para confiar en Cristo.

Sin embargo Cristo le prometió: Hoy conocerás el gozo de la plena salvación.

Hay solamente un requisito para la salvación: fe en Jesucristo.

Pero esta fe debe ser tuya. Debe ser personal. No eres salvo debido a que tus padres creen o porque otros oran por tí. Tu salvación no viene por medio de alguna otra persona, ni siquiera tu sacerdote, tu pastor o tu rabí.

Efesios 2:8 dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” Nótese el uso de los pronombres personales: Sois, o vosotros. La fe es personal.

Ralph Waldo Emerson, un laureado poeta estadounidense, dijo: “Las almas no son salvadas al por mayor.” Debes ejercer personalmente tu fe en Cristo; y si lo has hecho, ya eres salvo de tus pecados, tienes vida eterna.

Una vez que has ejercido la fe, te hallas con seguridad en las manos de Dios.

Esta es la promesa de Jesús para ti: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es el mayor de todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:27-29).

¿Has confiado en Cristo como tu Salvador? Si lo has hecho así, ya eres salvo, y estás seguro en las manos de nuestro Dios soberano. No podrías estar en mejor posición. Has dado el primer paso como un nuevo creyente.

2°Paso: Dícelo a Alguien.

Después que sha sido salvado es importante que se lo digas a alguien.

En la Biblia leemos respecto a Andrés, quién llegó a ser uno de los discípulos de Jesús. Después de haber confiado en Jesús como su Salvador dio otro paso importante. ¡Se lo dijo a alguien! Es más, se lo dijo a su hermano. Juan 1:41 dice de Andrés: “Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías.”

La explicación que dio de su salvación no fue muy larga, ni muy detallada, y definitivamente no muy teológica. Andrés era un pescador, no un teólogo. Con el paso de los años aprendería más acerca de Dios y llegaría a ser más entendido teológicamente, pero en ese momento acababa de convertirse. Sencillamente le contó a su hermano lo que había hallado.

Nadie espera que tengas todas las respuestas o sepas toda la terminología correcta inmediatamente después de haber sido salvado.

Dios no espera de ti tal cosa. Todo lo que necesitas hacer es contarle a alguien lo que ha ocurrido en tu vida. Díle que Jesús ha llegado a ser real para ti, que él ha venido a tu vida y te ha salvado.

Esto no te hace un misionero, pero si te hace un testigo. Jesús quiere que seamos Sus testigos (Hechos 1:18).

Hablar acerca de tu salvación tal vez no sea fácil, e incluso es posible que no comprendas todo lo que te ocurrió cuando fuiste salvado.

Pero contarles a otros de tu nueva vida en Cristo te ayudará en varias maneras. Te ayudará a aclarar tu pensamiento; podrás separar las preguntas que tienes en tu mente de los hechos que ya conoces. También te ayudará a solidificar en tu propia mente lo que ha ocurrido. Y llevará a tus amigos a verse cara a cara con el amor que Dios les tiene.

Una palabra de precaución. Cuando le cuentes a alguien lo que ha ocurrido, no empieces una discusión. Nadie viene a Cristo como resultado de una discusión; si no que frecuentemente vienen a él como resultado de un testimonio. Se genuino. Se amable. Se humilde. Deja que el amor de Dios que te atrajo a él, se refleje en la manera en que les hablas de él a otros.

Lo más grande que te ha ocurrido en tu vida es su salvación. Díselo a alguien.

Carlos Wesley escribió:

“Oh, quien tuviera lenguas mil

Del Redentor cantar,

Las glorias de mi Dios y Rey,

Los triunfos de su amor.”

No tenemos mil lenguas, pero si tenemos una. Usémosla para el más noble propósito: hablarles a nuestros amigos, parientes y vecinos de lo que Jesucristo ha hecho por nosotros. Cuando tú lo haces, has dado otro paso para el nuevo creyente.

El Hijo de Dios se hizo hombre para que los hombres pudieran ser hechos hijos de Dios. Díselo a alguien.

3° Paso: Establece un Tiempo Devocional.

Necesitas crecer en tu nueva fe en Cristo, y para hacerlo es importante que establezcas un tiempo devocional.

Por “tiempo devocional” quiero decir un tiempo de encontrarse a solas con Dios y Su Palabra.

En el ajetreo y prisa de la vida moderna algunas veces hallamos fácil vivir nuestras vidas sin mayor relación con el Dios que nos salva, o sin mayor interés por Su Palabra.

La Biblia es la revelación de la mente de Dios para ti. Es lo que él quiere que sepas y hagas. No solo que Dios dio a Su Hijo, el Verbo viviente, para salvarlo, sino que dio Su Libro, la Palabra escrita, para guiarte.

Muchas personas tienen su propia Biblia, pero nunca la leen. Para la mayoría de personas es un libro anticuado, ideal para sus abuelos pero no para ellos. Alguien ha dicho que si todo el mundo sacudiera simultáneamente el polvo de las Biblias que no usan, nos asfixiaría una tormenta de polvo.

Por supuesto, algunas secciones de la Biblia son difíciles de entender, y algunas no son tan emocionantes como otras.

Sin embargo, toda sección de la palabra de Dios tiene algo que decirnos, y esto hace que todo pasaje sea muy importante.

¿Cuándo debes tener tu tiempo de quietud con Dios? Es importante leer la Biblia tan a menudo como le sea posible; pero yo he hallado provechoso tener un tiempo específico cada día, cuando me aíslo de todo mundo, excepto de Dios.

Para mí ese tiempo específico es temprano en la mañana. Mi mente está menos atiborrada entonces, y mi día es menos complicado. Además, Dios merece lo mejor de mí, y la mejor parte de mi día es la primera parte. “Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré” (Salmo 63:1).

Tal vez para ti otra hora del día se ajusta mejor a tu estilo de vida. Esto está bien. Pero asegúrate de establecer un tiempo fijo, y aférrate a ese horario.

¿Qué debes hacer durante tu tiempo devocional? Lo que sigue es mi plan en seis pasos. Me ayuda a que mis momentos con Dios y Su Palabra sean más significativos.

1

Empieza con oración. Pídele a Dios que te prepare para encontrarte con él. Si hay algo en tu vida que sabes que le desagrada a él, confiésalo. Déjale que él te perdone, de modo que nada estorbe tu comunión mutua.

2

Lee una porción específica de la Biblia: tal vez un capítulo o dos. Si no estás familiarizado con la Biblia tal vez quieras empezar con el Nuevo Testamento. Muchos opinan que el evangelio de Juan es un buen libro para empezar. A mí también me encanta leer uno o dos salmos cada día.

3

Después de haber leído el pasaje medita en él por unos minutos. Piensa en lo que has leído, y pregúntate que significa. ¿Que es lo que Dios quiere que hagas? Recuerda, aun cuando tal vez no comprendas todo lo que lees en la Biblia, todavía puedes obedecer lo que sí entiendes.

4

Anota algunas preguntas respecto al pasaje que acabas de leer. Yo siempre tengo lápiz y papel a mi alcance cuando leo mi Biblia. Anoto las cosas que he aprendido en la porción leída, y también lo que no entiendo. Más tarde puedo hallar las respuestas a mis preguntas, haciéndoselas a alguien que sabe respecto al tema, o buscando la explicación en un comentario bíblico o en algún otro material de referencia bíblica.

5

Luego lee de nuevo el pasaje. Leerlo por segunda vez traerá a la luz cosas que no se notaron la primera vez. Esta es una excelente manera de aprender por sí solo; porque al leer la Biblia tienes al Espíritu de Dios como Maestro (Juan 14:26).

6

Finalmente, ora de nuevo. Agradécele a Dios por haber enviado a Su Hijo para morir por ti. Agradécele por darte Su Palabra, la Biblia, porque sin ella no tendrías las respuestas a los grandes interrogantes de la vida. Agradécele por las enseñanzas que te dio a través del pasaje que acabas de leer.

Una cosa más. Muchos nuevos creyentes empiezan con mucho entusiasmo a observar su tiempo devocional cada día. Pero muy pronto se dejan sobrecargar de actividades y otras responsabilidades apremiantes, y de alguna manera Dios es puesto a un lado.

Perseverancia es la clave. La persona que meramente mordisquea bocados de prueba en la Palabra de Dios nunca desarrolla el gusto por ella. Debes retornar diariamente a la mesa del banquete de Dios, así como acudes diariamente a la mesa para comer tu alimento físico. Una vez que empieces, ¡no lo dejes!

Acude regularmente a tu Biblia. ábrela con oración, léela con expectación, confía en ella implícitamente y vívela constantemente. ¡Es la verdad! La Biblia que está cayéndose en pedazos pertenece a alguien que no lo está. Dé este tercer paso del nuevo creyente: establece un tiempo devocional.

4°Paso: Ora.

La mejor manera de llegar a conocer a un nuevo amigo es pasar tiempo con él, conversar con él. Y la mejor manera de llegar a conocer mejor a Dios es pasar tiempo con él, conversar con él. Eso es lo que es la oración: sencillamente hablar con Dios.

No hay por qué tener temor de acercarse a él. Dios recibe sus oraciones y las contesta. Hay 667 oraciones registradas en la Biblia, y también las respuestas a 454. Eso es muy estimulante.

La Biblia es un libro de oración, y su lectura y la oración van de la mano. Esto se ilustra en mi sugerencia que empieces y concluyas con oración tu tiempo devocional diario.

¿Cuándo debes hablar con Dios? En realidad no hay ningún tiempo inapropiado. Puedes orar cada vez que quieras. Pero tener un tiempo específico para orar es tan importante como tener un tiempo específico para leer Su Palabra. Cuando ores, habla con Dios, cuando lees Su Palabra, él te habla a ti.

El Salmo 55:17 dice: “Tarde y mañana y a mediodía oraré.” Ese es un buen modelo, pero no es ninguna fórmula mágica. En realidad necesitas orar más que eso, y no vale la pena orar menos.

La mañana es un excelente tiempo para adorar a Dios en oración, decirle lo que él significa para ti, y cuanto te ama. Es un buen tiempo para alabarle por lo que él es y lo que ha hecho. Es un buen tiempo para buscar dirección y bendición sobre todas las actividades del día.

El mediodía te provee de una oportunidad para evaluar tu día. Pregúntale a Dios si lo que has hecho en la mañana le ha agradado. Si es así, agradécele y pídele una tarde similar. Si no confiesa tus faltas y pídele a Dios que allane tu camino con sabiduría para el resto del día.

El anochecer puede ser un tiempo deleitoso de acción de gracias y comunión con Dios. Agradécele por tu día, por tu salvación, por Sus promesas. Este tiempo de oración tal vez no sea tan largo como el de la mañana, porque quizás estes cansado o con sueño.

¿Cómo debes hablar con Dios? Tal vez en realidad no sabes cómo orar, y te preguntas que vas a decirle.

Eso es fácil. Di lo que dirías a cualquier buen amigo que lo quieres bien. No necesitas vocabulario especial, ni necesitas ser elocuente.

No te preocupes si inicialmente tus oraciones son cortas. Martín Lutero dijo una vez: “Mientras menos palabras, mejor es la oración.” Lutero no estaba sugiriendo que todas las oraciones deben ser cortas. Lo que estaba diciendo es que una oración sincera que usa solamente unas pocas palabras es mejor que una oración insincera que usa muchas.

No te preocupes si no elevas una oración “pulida.” Dios prefiere la sinceridad sobre el “pulimento.” Si no puedes orar como quisieras hacerlo, ora como puedas. Dios conoce tu corazón; él sabe lo que quieres decir.

¿Quién puede ayudarte a aprender a orar? Si estás atravesando dificultades en cuanto a aprender a orar; hay buenas noticias. Cuando oras no estás librado a tu propio esfuerzo; Jesús el Hijo de Dios, y el Espíritu Santo te ayudarán en tu vida de oración. ¡Esa es la promesa de Dios!

Cuando has pecado y necesitas hablarle a Dios, el Abogado de Dios, Su Hijo, Jesús está allí para ayudarte. “Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesús el justo” (1 Juan 2:1). Y cuando no sabes qué decir, el Intercesor divino, Su Espíritu Santo, te ayuda. “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).

¿Por qué cosas debes orar? Cuando las personas oran muy rara vez piden un cambio en el carácter, pero si piden frecuentemente un cambio en las circunstancias. Esta es una grave equivocación. Dios controla nuestras circunstancias para mejorar nuestro carácter. De modo que no te dejes ganar por el hábito de implorar en oración un cambio en tus condiciones financieras o físicas. Permite que tus oraciones sean un vehículo para que Dios moldee su carácter para llegar a ser lo que él quiere que seas.

La oración es el prefacio del propósito, el prólogo al poder y el preludio de la paz. Tan pronto como has aceptado a Cristo como tu Salvador, aprende a acudir al Padre en oración. Es como hablar con un viejo amigo.

No permitas que pase ni un día sin hablar con él. El se interesa profundamente en ti y quiere que llegues a conocerle mejor. Pasa tiempo con él todos los días.

5°Paso: Has amistades cristianas.

Alguien ha dicho que los adornos de una casa son los amigos que la frecuentan. Después haber llegado a ser cristiano necesitas nuevos amigos.

No abandones totalmente a tus viejos amigos. Tú querrás testificarles de tu nueva fe en Cristo.

Pero cuando llegues a ser una nueva criatura en Cristo, cuando las cosas viejas pasan y todas son hechas nuevas, tal vez experimentes una súbita frialdad de parte de tus antiguos amigos, y muchos de ellos probablemente te abandonarán.

Asegúrate de escoger cuidadosamente tus nuevos amigos. Y asegúrate también de que no sean como tus antiguos amigos que tal vez se hayan alejado.

Proverbios 4:14, 15 nos dice: “No entres en la vereda de los impíos, / Ni vayas por el camino de los malos. / Déjala, no pases por ella; / Apártate de ella, pasa.”

Tus nuevos amigos determinarán la atmósfera en la cual edificarás tu nueva vida. Asegúrate de que sea el ambiente apropiado.

Escoge amigos que te ayuden en los altibajos de tu nueva vida cristiana. Esta clase de amigos cantará alegremente contigo cuando te halles en la cima de la montaña, y te acompañarán en silencio cuando atravieses el más oscuro valle.

Aristóteles dijo que un amigo es un alma que vive en dos cuerpos.

Pero la amistad cristiana va más allá de eso. Dos amigos cristianos tienen la ventaja adicional de que el Espíritu reside en ellos: el Espíritu Santo. “Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (1 Juan 3:24). Pablo menciona la “comunión del Espíritu” (Filipenses 2:1). También menciona que somos de un Espíritu, el Espíritu Santo.

Tus nuevos amigos pueden ser una bendición y un estímulo para ti. Tu amistad redobla tu gozo y divide tus aflicciones.

Pueden ser respaldo para ti; pueden hacerte partícipe de tu sabiduría espiritual. Lo mejor, aparte de ser sabio tu mismo, es tener un grupo de amigos sabios. Pídeles que te ayuden a entender lo que necesitas saber.

Pueden ayudarte también de muchas otras maneras. Pueden ayudarte a hallar respuestas a tus preguntas. Pueden ayudarte en el estudio bíblico. Pueden ayudarte a localizar una iglesia en donde puedas adorar y creer en el Señor.

Hacer amigos cristianos es un paso importante para un nuevo creyente. Pero ¿qué tal si no conoces a ningún cristiano? ¡Dé el siguiente paso!

6° Paso: Busca una iglesia verdaderamente cristiana.

Después de haber confiado en Cristo como tu Salvador querrás llegar a ser parte de una iglesia dinámica. Esto no solo te ayudará a hacer amigos cristianos, sino que también te ayudará a seguir creciendo en tu fe cristiana.

La asistencia a la iglesia ha ido declinando en décadas pasadas, especialmente en Europa y en el mundo occidental. La mayoría de personas dicen pertenecer a alguna iglesia, pero parece que jamás logran levantarse de la cama para asistir a sus reuniones. Tal vez hayas oído el cuento del viejo Eduardo. Se da de religioso, pero solo asiste a la iglesia una vez al año, al culto de resurrección. Y esta es la clase de actitud que impera hoy respecto a la asistencia a la iglesia.

¿Por qué es tan importante hacerse de una buena iglesia? Hay muchas razones. Una es para adorar a Dios, honrarle y dar honor a su Palabra. La Biblia nos advierte que no dejemos de congregarnos con otros creyentes (Hebreos 10:25). La iglesia en el primer siglo, de acuerdo al libro de los Hechos, nos dice que se reunía constantemente. Alababan a Dios, le adoraban y aprendían juntos Sus cosas.

Una iglesia existe con el doble propósito de reunir y enviar.

Cuando nos reunimos en la iglesia recibimos bendición. Pero no asistimos solo buscando bendición. Vamos porque tenemos un sentido de llamamiento, un sentido de deber, un sentido de necesidad: una necesidad con Dios y de estar con otros que han confiado en Cristo.

Al asistir a la iglesia se recargan nuestras baterías espirituales, de modo de poder ser enviados al mundo para dejar que nuestra luz brille ante las personas.

Alguien dirá: “Yo no voy a la iglesia porque hay demasiados hipócritas allí.” Si la iglesia fuera perfecta, tú y yo no podríamos entrar en ella. La iglesia no va a ser como el cielo, y nada en la tierra jamás lo será.

Pero los verdaderos creyentes conforman la verdadera iglesia de Cristo (Mateo 16:18). él es la cabeza de la iglesia (Colosenses 1:18). La iglesia es Su cuerpo (Efesios 1:22-23). Y cuando asistimos a una iglesia local sabemos que las personas allí no son perfectas, sino que son perdonadas, y eso es importante.

¿A qué clase de iglesia debes asistir?

La siguiente es una regla sencilla. Busca una iglesia donde se trata la Biblia como la Palabra de Dios, como Su palabra autoritativa; en dónde las personas expresan un interés de amor por los que todavía andan perdidos en sus pecados, y donde las personas adoran a Dios con profundo respeto.

Yo evitaría una iglesia en donde uno no necesita la Biblia para nada durante el culto, en dónde uno nunca oye que se exalta el nombre de Jesucristo, y en donde no se ve ninguna preocupación por los perdidos. Uno debe tener mucho cuidado con una iglesia de esa clase. ¡A lo mejor es un mausoleo!

Después de recibir a Cristo como tu salvador, tan pronto como puedas, busca una iglesia que crea en la Biblia, y participa activamente en ella. No lo dejes para luego. Es fácil perder interés en la iglesia si no se ha invertido nada en ella. Hallar una iglesia es un paso importante para el nuevo creyente.

7°Paso: Bautízate.

Hay quienes creen que el bautismo es necesario para la salvación, pero no es así. El bautismo es un paso de obediencia, pero no para la salvación. Pedro dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados” (Hechos 2:38). Pero el contexto de este versículo no liga el bautismo con la salvación personal, y tampoco debemos hacerlo nosotros. Además, vez tras vez se afirma que solo la fe es el requisito para la salvación, sin ninguna mención al bautismo (Juan 3:16-18; 5:24; Hechos 16:31; Romanos 10:9-14).

Si el bautismo no lava pecados, ¿para que sirve? ¿Por qué es uno de los diez primeros pasos para el nuevo creyente? Por las siguientes razones:

Primero, el bautismo en agua identifica nuestro deseo de obedecer a Cristo (Mateo 28:19-20). Si sabes que Cristo quiere que te bautices y te rehúsas, estás desobedeciendo a tu Maestro, quién murió por ti.

Segundo, el bautismo en agua identifica nuestro deseo de unirnos a Cristo (Romanos 6:1-4). No tenemos ninguna otra manera de mostrar a otros cómo somos colocados en el cuerpo de Cristo cuando somos salvados, excepto mediante el simbolismo del bautizo. El hecho de bautizarnos muestra que cuando Cristo murió, nosotros también morimos. Cuando él fue sepultado, nosotros fuimos sepultados. Y cuando él resucitó de entre los muertos, nosotros también resucitamos con él, para andar en vida nueva.

Tercero, el bautismo indica nuestro deseo de seguir a Cristo (Romanos 6:4). Simboliza que rompemos definitivamente con nuestra vida vieja, con el pasado y su pecado. Y aun cuando volvamos a pecar incluso después de que hemos sido salvados, el hecho de bautizarnos le dice al mundo que nos encaminamos en una nueva dirección; estamos en un camino diferente, y estamos dando los primeros pasos en ese nuevo sendero.

Míralo de esta manera. Seguir al Señor en el bautismo quiere decir hacer lo que él hizo (Mateo 3:16, 17). Seguir al Señor en el bautismo significa decirle al mundo que estás bajo un nuevo Jefe (1 Corintios 6:19, 20). Seguir al Señor en el bautismo significa seguir a Jesús y olvidarse de la manera en que solías vivir antes de haber sido salvo (2 Corintios 5:17). Es una manera de decirle a todo el mundo: “Soy una nueva persona, una nueva criatura en Cristo. Las cosas viejas han pasado; todo en mi vida ha sido hecho nuevo. Es un nuevo comienzo.”

El bautismo es dar un paso público por Dios. Es decirle al mundo: “He decidido seguir a Cristo; no vuelvo atrás, no vuelvo atrás.”

8°Paso: Aprende a Ofrendar.

Aprender a ofrendar es una de las primeras lecciones que Dios enseña al nuevo creyente. ¡Hay una buena razón para esto! Para Dios el dar es importante. Es más, una sexta parte de los libros de Mateo, Marcos y Lucas, y 12 de las 38 parábolas de Jesús tienen que ver con el dinero.

Hay tres razones por las cuales Dios pone tanto énfasis en que aprendamos a ofrendar.

Primero, aprender a ofrendar es importante porque es el modelo divino. Dios quiere que seamos como él. él dijo: “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios” (Levítico 20:7; 1 Pedro 1:13-16). Y puesto que Dios es un dador por naturaleza, quiere que aprendamos a ser dadores igualmente. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16). Dar glorifica a Dios porque nos hace ser más como él.

Segundo, aprender a ofrendar es importante porque dar es un principio bíblico. Por toda la Biblia encontramos los principios de ofrendar.

Dar debe ser sistemático (1 Corintios 16:1,2); debe ser proporcional a su capacidad de dar (1 Corintios 16:2); debe ser sacrificial (Marcos 12:43,44); debe ser espontáneo (Hechos 2:45); y más. Desde los comienzos de nuestra vida cristiana debemos aprender los principios bíblicos acerca de dar ofrendas.

Tercero, aprender a ofrendar es importante porque es alabanza de gratitud.

El corazón y la mano van juntos. Cuando tu corazón está lleno de alabanza a Dios, tu mano expresará esa alabanza mediante una ofrenda. ¿Quién merece su agradecimiento más que Dios? él te amó; envió a Su Hijo para que muriera por ti; te salvó. Ahora estás dando pasos para ser conformado a la imagen de Su Hijo amado Jesús. Y uno de esos pasos es aprender a ofrendar. Después de todo, ¿no es “dar” la primera expresión de “dar gracias”?

Dios ama al dador, que ha aprendido a dar con gratitud y alegremente (2 Corintios 9:7).

Cada semana aparta para Dios algo de tu tiempo. Tal vez quieras hacerlo por medio de tu tiempo devocional o mediante algún servicio para él en tu iglesia local. Y cada semana aparta para Dios algo de tus ingresos. Puedes darlo entonces a tu iglesia o a algún otro ministerio espiritual que te haya sido de bendición.

Pero, sea como sea, adquiere el hábito de dar a Dios una porción de lo que él generosamente te ha dado. Ofrendar te hará un creyente más gozoso, y es uno de los más importantes primeros pasos para el nuevo creyente.

9°Paso: Memoriza la Palabra de Dios.

Memorizar a Palabra de Dios es un privilegio, no una obligación. El beneficio es totalmente para nosotros, pero el placer es todo para él.

Memorizar las Escrituras requiere de tiempo y esfuerzo, de modo que necesitas una buena razón para hacerlo. Las siguientes son tres buenas razones.

Primero, memorizar la palabra de Dios le rinde honor a él. Lee el Salmo 119 y nota el honor que el escritor le tributa a Dios y a Su Palabra.

Versículo 89: “Para siempre, oh Jehová, / Permanece tu palabra en los cielos.”

Versículo 105: “Lámpara es a mis pies tu palabra, / Y lumbrera mi camino.”

Versículo 140: “Sumamente pura es tu palabra, / Y la ama tu siervo.”

Versículo 162: “Me regocijo en tu palabra, / Como el que halla muchos despojos.”

La razón por la que le escritor valora en tal alto grado la Palabra de Dios es que valora a Dios. La Palabra de Dios es un reflejo de Sí mismo. Es una revelación de Su mente. Memorizar las Escrituras es lo mismo que guardar en el corazón la Palabra de Dios. Recuerda, Dios escribió solamente un libro, y tú le rindes honor cuando muestras el respeto por ese Libro, la Biblia, al guardarla en el corazón. “¡Oh, cuanto amo yo tu ley! / Todo el día es ella mi meditación” (Salmo 119:97).

Una segunda buena razón para aprender de memoria la palabra de Dios es para que te guarde de pecar. El salmista lo dijo de esta manera: “En mi corazón he guardado tus dichos, / Para no pecar contra ti” (Salmo 119:11). Cuando eres tentado a pecar necesitas una defensa eficaz. Dios ha provisto esa defensa en Su Palabra. Si has memorizado porciones de la Palabra de Dios estarás listo para hacerle frente al Tentador. Cuando éste te acose y trate de hacerte caer en el pecado, necesitas un buen arsenal de Escrituras.

En la Biblia hay un ejemplo perfecto de esta defensa. A principios de Su ministerio el Señor Jesús fue tentado severamente por Satanás, el Tentador.

La primera tentación tuvo lugar en un desierto desolado. Jesús había sido conducido a ese lugar por el Espíritu Santo, y allí había ayunado por 40 días. Satanás sabía que tendría hambre, de modo que lo tentó con comida. Jesús citó la Biblia (Mateo 4:4).

Luego Satanás llevó a Jesús al pináculo del templo, muy por encima del Valle del Cedrón. Allí Satanás tentó a Jesús para que se echara abajo del pináculo. De nuevo Jesús citó las Escrituras (Mateo 4:7).

Finalmente el Tentador llevó al Señor a un monte alto, y le tentó con poder al desnudo, diciéndole que le daría todos los reinos del mundo si sencillamente caía a los pies de Satanás en adoración. De nuevo Jesús citó las Escrituras (Mateo 4:10).

Jesús es un tremendo ejemplo de lo que debes hacer cuando se es tentado. Si te has preparado para la tentación guardando en tu corazón la Palabra de Dios, al memorizar pasajes de ella, el Espíritu Santo te traerá a tu mente esos versículos cuando más los necesitas. Recuerda, los versículos de la Biblia te preservarán de reveses espirituales. Guarda en tu corazón la Palabra de Dios para no pecar contra él.

Una tercera razón para memorizar las Escrituras es prepararse para dar respuesta a los que cuestionan tu fe en Cristo. En caso de que todavía no lo hayas notado, no todo el mundo está contento con el hecho que te hayas hecho un creyente. Algunos de tus antiguos amigos harán o dirán todo lo que puedan tratando de que abandones tu nueva fe. Tu nueva vida los hace darse cuenta del pecado en sus propias vidas. Y cuando vengan a ti con preguntas necias, cuando hagan burla de tu fe, cuando pongan en tela de duda tu fe en el Salvador, tú te alegrarás de haber memorizado la Palabra de Dios.

El apóstol Pedro nos dio este sagaz consejo en 1 Pedro 3:15: “Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.” Puesto que nunca sabes cuando tendrás que presentar tal defensa, debes estar siempre listo. Esto requiere memorizar las Escrituras consistentemente. Es uno de los primeros pasos importantes del nuevo creyente.

10° Paso: Busca un Amigo que te tome cuentas.

Aumentas tu capacidad, estabilidad y responsabilidad cuando aumenta tu sentido de responsabilidad ante Dios. Una manera en que puedes hacer esto es buscando otro creyente que te tome cuentas.

¿Quién es este amigo que te toma cuentas? Es un creyente maduro que accede a disciplinarte, para ayudarte a crecer y a madurar en tu nueva fe en Cristo. Es alguien que accede a vigilar tu responsabilidad, alguien que te ayuda a completar lo que has determinado hacer.

Si le dices a este amigo que has decidido observar un tiempo devocional cada mañana por media hora, más tarde en el día él o ella te llamará para preguntarte si lo hizo. Un amigo que te toma cuentas se asegura que cumplas todo lo que le dijiste a Dios que ibas a hacer.

Pero la responsabilidad es un sendero en ambos sentidos. Frecuentemente dos personas se sirven mutuamente como amigos que se toman cuentas. Se apoyan el uno al otro, y se animan cuando surge la necesidad. Y si alguno cae, el otro le ayuda a levantarse.

Hay una asombrosa ilustración de esto en Eclesiastés 4:9, 10: “Mejores son dos que uno; … Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante”.

Este principio resulta no solo cuando tropiezas físicamente, sino también cuando tienes alguna debilidad en el campo espiritual. Si tienes un amigo que te toma cuentas sabes que hay alguien a tu alcance cuando tropiezas, alguien que te ayudará para evitar que caiga. Por ejemplo, si pierdes tu entusiasmo en tu andar con el Señor y te entibias, tu amigo que te toma cuentas puede llamarte aparte y darte una advertencia amable y sincera respecto al peligro espiritual en que te hallas.

Un antiguo refrán del Cercano Oriente dice: “Un amigo es uno que te advierte”. Pero un amigo que toma cuentas, un verdadero amigo, nunca se detiene en la advertencia. También ora por usted, le anima y le guía de regreso al buen camino. Para eso son los amigos que toman cuentas.

Primeros Pasos para el Nuevo Creyente
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