Tiempo de estar preparados para la Venida del Señor

Tiempo de estar preparados para la Venida del Señor.

Gracias por seguir nuestra serie de estudios bíblicos.
Para iniciar este estudio, podemos destacar algo que todos tenemos que saber y entender.
Cada alma tiene un lugar en la eternidad. un lugar con Dios o en la oscuridad eterna.

Mateo 16: 26-28.
Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.

Salmos 62: 1.
Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación.

Salmos 139: 13-14.
Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!

Salmos 63: 1.
Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta

El diablo conoce el valor de tu alma, pero nosotros no le damos el valor que está realmente tiene. pues es nuestra esencia, nuestro yo, que dejará este mundo, y se posará en la eternidad, tanto así que Dios a mandado a su hijo unigénito para que seamos salvos.
Juan 3: 16.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

El plan de dios es que todos seamos salvos de la condenación, el a elaborado un plan de salvación, para la humanidad, Para los que oyen su vos, si hoy escuchas su voz no la rechaces, y si lo conoces y te apartaste de su amor y perdón, es tiempo de regresar a casa, pues aún la puerta está abierta.

Hebreos 3:15. entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.

2 Corintios 4: 16-18.
Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.
Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;
no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
Hechos 4:12.
De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.

En esta ocasión estudiaremos, el poder y el privilegio de cada uno de nosotros, los que hemos tenido el honor de escuchar y atender a la voz de nuestro salvador y mesías.
En Un mundo segado y corrompido, gracias a la ignorancia y el enfriamiento del corazón, sembrada por el enemigo de lo bueno y de lo agradable delante de dios.

Somos un linaje escogido, una nación santa, apartados para Dios.

Si pudiéramos entender tan solo la magnitud o el alcance de este hecho, no podríamos ni ponernos en pie, pues nuestro corazón se consumiría y nuestro llanto no pararía de brotar, al entender el amor de dios, para con todos nosotros.
Como creyentes tenemos que dejar de ver la salvación como poca cosa, o dejar que los errores de otros sean líderes, pastores o ministros, causen descontento, pues la salvación no radica en ellos o en sus flaquezas, pues ellos darán cuentas en su tiempo, de sus actos, al igual que nosotros de los nuestros.

Dios siempre será fiel y el no falla.
Si tu amor y tu mirada están en cristo, él no te fallarà.
Podemos estar seguros de que él esta con nosotros y será fiel y justo para con nosotros.
Dará a cada uno según su obra y cuidara de los que le aman, además será paciente para los que han de ser salvos, los que oirán la voz de dios y acudirán a ella.
dios aun es paciente y espera que todos procedamos al arrepentimiento, que busquemos en cristo su hijo la salvación de nuestras almas.

sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos bendiga grandemente en esta ocasión, nos abra las Escrituras y nos abra el entendimiento para entender. Que venga la revelación divina sobre nuestras almas en estos momentos. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, versos 1 en adelante. Y nos dice de la siguiente manera:

“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche;

que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.

Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.

Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.

Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.

Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo.

Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,

quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.

Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.

Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan;

y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros.

También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.

Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.

Estad siempre gozosos.

Orad sin cesar.

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

No apaguéis al Espíritu.

No menospreciéis las profecías.

Examinadlo todo; retened lo bueno.

Absteneos de toda especie de mal.

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Esta carta del apóstol Pablo, hablándonos de lo que acontecerá en el tiempo final, en el Día del Señor, en el Día para la Venida del Señor, nos señala que este tiempo es para estar preparados para la Venida del Señor. Y ya con las señales que mencionó Jesús que se estarían viendo en la Tierra, las cuales estarían anunciando que hemos llegado al tiempo para la Venida del Señor, Él dijo en Lucas, capítulo 21, versos 25 en adelante:

“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;

desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

Todas las señales las hemos estado viendo, y la Escritura da testimonio de que las cosas que estemos viendo en este tiempo fueron profetizadas por Jesús; y también los profetas antes de Jesús habían hablado de las cosas que sucederían en el tiempo final.

Por lo cual, conscientes del tiempo que nos ha tocado vivir, despiertos; como dice Lucas: “con nuestras cabezas levantadas al cielo”; como dice también Lucas 21, versos 34 al 36:

“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

O sea, que es un tiempo para estar en oración, cada persona como individuo y también la familia unirse en oración y consagración a Dios, preparándonos para la Venida del Señor.

“TIEMPO DE ESTAR PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL SEÑOR.” Pues a los que estarán preparados será que Cristo transformará y los llevará con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Para lo cual tenemos un pasaje muy importante en San Mateo, capítulo 25, versos 10… un poquito antes: en la parábola de las diez vírgenes. Comencemos desde el principio. Dice Jesús, capítulo 25, verso 1 en adelante:

“Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.

Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas.

Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;

mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas.

Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron.

Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!

Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.

Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.

Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas.

Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta (las que estaban preparadas entraron con Él a las Bodas, a las Bodas del Cordero, y se cerró la puerta).

Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!

Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.

Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.”

O sea, que las personas tienen que estar preparadas esperando al Señor en Su Venida para el Día Postrero, para el Día del Señor. No es prepararse en el momento que Él venga, sino prepararse para el momento que Él ha de venir.

Ahí en esa parábola vimos que la puerta fue cerrada y las que quedaron fuera, cuando regresaron ya no había oportunidad, porque ellas no se habían preparado para la Venida del Señor.

Tenemos que recordar también que en el tiempo de Moisés, Moisés preparó al pueblo, como también lo hicieron otras personas en otras ocasiones, siervos de Dios. Moisés preparó al pueblo para recibir a Dios en el Monte Sinaí, y Moisés también fue preparado. Y en diferentes ocasiones podemos ver que el pueblo tenía que estar preparado porque la presencia de Dios estaba con ellos.

Ahora vean, en Lucas, capítulo 13, verso 23 en adelante, hasta el 30 dice… Verso 22:

“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

descendientes de Dios.

hijos e hijas de Dios; los cuales han sido transformados, y por consiguiente adoptados en su interior, en su alma y espíritu; y por consiguiente, la redención del alma y espíritu ha ocurrido en sus vidas con el nuevo nacimiento, después de haber escuchado y creído en Cristo por medio de la predicación del Evangelio de Cristo, y haber sido bautizados en agua en el Nombre del Señor, y Cristo bautizarlos con Espíritu Santo y Fuego, y haber obtenido por consiguiente, el nuevo nacimiento.

El Señor Jesucristo en San Juan, capítulo 3, le dice a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”

Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo. Por lo tanto, ese es el requisito para nacer de nuevo.

¿Y nacer dondé?.

En el Reino de Dios, el Reino de Cristo, porque hemos nacido a través de nuestros padres terrenales, en el reino de este mundo, y por consiguiente, un mundo que está gobernado por el príncipe de las tinieblas conforme a como nos dice la Escritura; y por consiguiente, al nacer en esta Tierra en el reino de las tinieblas, del enemigo de Dios, por medio de creer en Cristo y recibirlo como Salvador: hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al Reino de Cristo.

Ahora vean aquí cómo Pablo nos dice en el capítulo 1, versos 12 al 14 de Colosenses:

Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas (o sea, nos ha librado del poder de las tinieblas, del poder del reino de las tinieblas, del reino del maligno, del reino del enemigo de Dios: el diablo).

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo (hemos sido trasladados al Reino de Jesucristo).

Por eso las Leyes del Reino de Cristo son dadas a conocer y son escritas en tablas del corazón del individuo; quedan grabadas ahí. Y cada persona, por cuanto tiene libre albedrío, les dice: si o no.

Apocalipsis 22:11.

El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.

Ya no necesita las tablas de piedra literal sino las tablas del corazón suyo, tiene escritas las Leyes Divinas de Cristo bajo el Nuevo Pacto.

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.

Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia (Cristo es la cabeza de Su Iglesia, formada por todos los creyentes en Él nacidos de nuevo).

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él, que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,

y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado

en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;

si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.”

Aquí tenemos un cuadro claro de quién es Cristo. Dice que es antes de todas las cosas; y que Él fue el que creó, por medio de Él fueron creadas todas las cosas, y para Él.

Pablo dice en Primera de Timoteo, capítulo 3:

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne,

Justificado en el Espíritu,

Visto de los ángeles,

Predicado a los gentiles,

Creído en el mundo,

Recibido arriba en gloria.”

Ese es Jesucristo el Redentor del ser humano. No hay otra forma de redención. Es por medio de Cristo el Redentor, que se efectúa la redención del alma, del espíritu y del cuerpo del ser humano.

Ahora estamos esperando la Venida del Señor en el Día Postrero, para lo cual Él dijo en Juan, capítulo 6 y capítulo 5. Capítulo 5, verso 24, dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;

y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.

No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.”

Unos para vida eterna, en la primera resurrección. Luego, después de mil años, habrá una resurrección general para juicio y para condenación de los que hicieron lo malo, y de los que fueron borrados del Libro de la Vida.

Tenemos que estar preparados porque para este tiempo hay grandes promesas de parte de Dios.

Vea Capítulo 6, versos 39 al 40, de San Juan, donde dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

Para el Día Postrero es la Venida del Señor y la resurrección de los muertos en Cristo, lo cual va a ser llevado a cabo por Jesucristo.

Ese es el Programa Divino para esta nueva creación por medio Jesucristo, que Dios está llevando a cabo. Sigue diciendo el verso 40:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Esas son promesas para los creyentes en Cristo exclusivamente.

Tenemos también el capítulo 11, versos 22 en adelante, de San Juan. Dice: “Mas también…” Le dice Marta a Jesús. Verso 21:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto (su hermano Lázaro).

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Por lo tanto, ella estaba consolada en que Lázaro iba a resucitar en el Día Postrero. Ella sabía que Lázaro era un creyente fiel en Dios, creía en Jesús como el Mesías, como el Hijo de Dios que había venido al mundo.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo (Marta): Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Y dice también la Escritura que Cristo con Su Sangre “nos ha limpiado de todo pecado, y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos con Él.” Apocalipsis, capítulo 1, Apocalipsis, capítulo 20. Apocalipsis, capítulo 5, también nos habla de que nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes.

Y también Pedro en Primera de Pedro, capítulo 2, versos 4 en adelante, nos dice algo muy importante… Leyendo el verso 9 nada más, 9 y 10, dice:

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio (del sacerdocio de Melquisedec, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.”

Esa es la Iglesia del Señor Jesucristo, pueblo de Dios, escogidos de Dios, descendientes de Dios, hijos e hijas de Dios.

Pablo también, en Efesios, capítulo 2, nos dice, verso 11 en adelante:

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.”

Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” Él es la Vida Eterna, para lo cual se requiere recibirlo para que Él nos otorgue la vida eterna. San Juan, capítulo 14, verso 6. Y San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30 dice:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos.”

Es que el Padre estaba en Él: en Él estaba la plenitud de la Divinidad. En otro lugar dice: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.”

Continuamos aquí en Efesios. Dice:

“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación (por eso tenemos paz para con Dios: por medio de Jesucristo),

aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (y la Familia de Dios lleva el Nombre de Dios),

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio (el cual es la Iglesia, el Templo espiritual del Señor Jesucristo).

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Y en la misma forma en que es edificada la Iglesia del Señor Jesucristo, en que está siendo construida: piedra sobre piedra, creyente más creyente, formando así la Iglesia del Señor Jesucristo; así es como va creciendo, como una construcción va creciendo, a medida que le van colocando bloques o le van colocando concreto o madera. No hay otra forma para crecer, tiene que ser añadiéndole algo, alguna cosa.

Y la persona creyente le va siendo añadida bendición sobre bendición, le van siendo añadidos todos los materiales que necesita para él ser edificado como un Templo espiritual para morada de Dios.

Y así nos vamos preparando también para la Venida del Señor, que no nos tome con las lámparas apagadas, que no nos tome sin aceite en las lámparas, no nos tome sin el Espíritu Santo en nosotros. Porque ya vemos la historia de la parábola, de lo que les sucedió a los que no tenían aceite en sus lámparas: Vino el Esposo, las que estaban preparadas entraron con Él a las Bodas, y se cerró la puerta; y Cristo es la Puerta. Después vinieron las otras y ya era tarde para recibir a Cristo en Su Venida: se quedaron para la gran tribulación. Y las que tenían aceite entraron con Él a las Bodas, cerró la puerta, y fueron a la Cena de las Bodas del Cordero al Cielo.

Hebreos también nos dice: Capítulo 3, verso 5 al 6:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

<script async src="https://pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js"></script>
<!-- LATERALES -->
<ins class="adsbygoogle"
     style="display:block"
     data-ad-client="ca-pub-9859337323366117"
     data-ad-slot="4628516478"
     data-ad-format="auto"
     data-full-width-responsive="true"></ins>
<script>
(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
</script>

La Casa de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo, donde somos colocados y donde está la señal de la Sangre de Cristo, de la Sangre del Cordero, en la puerta; y la puerta es el mismo Cristo: “Yo soy la puerta. El que por mí entrare, será salvo.” San Juan, capítulo 10, verso 9.

Y ahora, viendo esta bendición tan grande que hay para los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, los creyentes en Cristo, la recomendación de Cristo es que estemos preparados para la Venida del Señor, porque viene para llevar a cabo lo que Él prometió.

“Voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.”

San Juan 14: 2-3.

Su promesa es para la resurrección de los muertos creyentes en Cristo y la transformación de los vivos.

Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Para eso es Su Venida: para transformarnos, y así darnos un cuerpo como Su cuerpo glorificado, para toda la eternidad.

Y ese es el Día del Señor, el Día de, y para, la Venida del Señor. Capítulo 4, verso 30 de Efesios, dice:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

Y también el capítulo 1, verso 13 al 14, nos dice:

“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.”

Aquí podemos ver para qué ha sido dado el Espíritu de Cristo.

Y ahora, en Primera de Tesalonicenses nos dice, capítulo 5:

“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche…”

Por lo tanto, hay que estar despierto. El mundo está de noche, en oscuridad, en tinieblas, en tinieblas espirituales; no sabe, no entiende todas estas cosas prometidas para este tiempo final. Dice:

que cuando digan: Paz y seguridad (esa es la paz temporal que están buscando), entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.”

Dice: “Sobre ellos”: sobre los que no forman la Iglesia del Señor Jesucristo, por cuanto no han nacido de nuevo.

“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.

Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.”

O sea, porque Cristo nos sacó del reino de las tinieblas, del reino del maligno, del reino de noche, sino del Reino de Luz, del Reino de Cristo, que es la Luz del mundo.

Y de edad en edad Cristo resplandece en medio de Su Iglesia en el cumplimiento de Su Palabra prometida para cada etapa de Su Iglesia, manifestándose de etapa en etapa en el mensajero correspondiente para cada etapa, a través del cual trae el Mensaje de Luz para Su Iglesia. Y eso es Cristo, la Luz del mundo, resplandeciendo y alumbrando a Su Iglesia en el camino de Luz y vida eterna.

Por eso es importante conocer la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo, de la cual estaremos hablando más adelante, en otros mensajes.

“Por tanto, no durmamos como los demás…”

Por eso dice en el capítulo 5, verso 14, de Efesios:

“Por lo cual dice:

Despiértate, tú que duermes,

Y levántate de los muertos,

Y te alumbrará Cristo.

Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,

aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.

Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.

No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,

hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;

dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.”

Nos habla el apóstol Pablo de cómo estar preparados para la Venida del Señor.

El deseo, la sed que la humanidad tiene de las cosas del mundo, Pablo dice: “No os embriaguéis de vino, en lo cual hay disolución. Sino sed llenos del Espíritu Santo.” Es que en la persona, en su alma hay un clamor de ser lleno en toda la plenitud, del Espíritu Santo; y debe buscarlo en la forma bíblica, y no buscar llenar ese vacío en otra forma que es incorrecta y desagradable delante de Dios,

“Despiértate, tú que duermes; y te alumbrará Cristo.” Despertamos con el llamado de la Trompeta del Evangelio de Cristo, despertamos del reino de la noche, donde están dormidos espiritualmente las personas que viven en este planeta Tierra; despertamos, recibimos a Cristo que es la Luz, y Él nos pasó a Su Reino de Luz. Por eso Pablo dice: “Ustedes son hijos del día, no son hijos de las tinieblas; ustedes son hijos de luz.”

Y ahora, capítulo 14 de Primera de Corintios, verso 8, dice:

“Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?”

De edad en edad, dio sonido cierto la Trompeta del Evangelio; de edad en edad, con la presencia del Espíritu Santo en el mensajero de cada edad, de cada etapa, para ser llamado el grupo de escogidos de Dios que formarían esa parte de esa edad de la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y ahora, para el Día Postrero hay una Gran Trompeta que estará sonando y estará dando sonido cierto; la cual, todos los que van a ser transformados y llevados con Cristo, la van a estar escuchando. Primera de Corintios, capítulo 15, versos 51 en adelante, dice:

“He aquí, os digo un misterio…”

Vamos a leer desde el verso 49:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos…”

O sea, no todos vamos a morir; va a quedar en la Tierra un grupo de creyentes en Cristo, vivos, en el tiempo de la Venida del Señor, y van a estar despiertos espiritualmente y escuchando esa Trompeta prometida para este tiempo; esa Trompeta, ese Mensaje Final de Dios.

pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados

Vamos a recibir una transformación, para esto mortal ser convertido en inmortal; un cuerpo glorificado y eterno, en donde todo el poder que está en Cristo también va a estar en el cuerpo glorificado. Así seremos iguales a Jesucristo, porque Él es la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia, Él es la cabeza de la Iglesia,

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad (o sea que vamos a ser vestidos de un cuerpo inmortal).

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.”

Ahí ya no habrá más muerte para los creyentes en Cristo porque hemos sido vestidos, seremos vestidos de inmortalidad: un cuerpo inmortal.

No podemos fallar en escuchar esa Gran Voz de Trompeta que estará dando sonido cierto, estará dando un Mensaje cierto.

También lo dice en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso, 13 en adelante:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (o sea, de los que partieron, de los que murieron físicamente), para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

Son palabras de aliento para todos los creyentes en Cristo.

Por lo tanto, es tiempo de estar preparados para la Venida del Señor. Miren aquí:

“Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

Por lo tanto, el tiempo, los años, no nos quitan la alegría de haber recibido a Cristo como Salvador, haber sido bautizados en agua en Su Nombre, haber recibido Su Espíritu y haber obtenido el nuevo nacimiento; y haber sido sacados del reino de las tinieblas, del reino del maligno (como fue sacado Israel de Egipto) y colocados en la Tierra Prometida del Reino de Cristo. Y ahora esperando la parte física, que será la adopción física, la redención del cuerpo, nuestra transformación.

“TIEMPO DE ESTAR PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL SEÑOR.”

El Señor mismo dijo que cuando veamos suceder todas estas señales que ya estamos viendo, entendamos que nuestra redención, la redención del cuerpo, está cerca; y está más cerca de lo que nosotros nos imaginamos.

Dios nos dará, a medida que escuchemos la Palabra de las promesas correspondientes a este tiempo y obtengamos el conocimiento de las que ya han sido cumplidas y de las que están en proceso para ser cumplidas, vamos a estar recibiendo la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Si hay alguna persona que todavía no esté preparado, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, sea adulto o sea anciano o sea joven, o sea niño, puede recibirlo en estos momentos.

“Orad que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que vendrán (los juicios divinos, los juicios de la gran tribulación, las plagas); y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

Estar preparados dentro del Pacto Divino, el Nuevo Pacto, con nuestras vestiduras limpias con la Sangre de Cristo, buscando siempre a Cristo en oración, y obedeciendo Su Palabra, y sirviéndole de todo corazón a Cristo todos los días de nuestra vida.

Cuando estemos transformados, si nos lamentaremos de algo es de todas las cosas que hicimos mal y de las que no hicimos buenas, que podíamos hacer; pero espero que hayamos aprovechado al máximo todas las cosas buenas que podemos hacer en la Obra del Señor y como individuos; y que las cosas que no debimos hacer, estén lavadas con la Sangre de Cristo y olvidadas delante de Dios; Cristo nos perdona y con Su Sangre nos limpia de todo pecado, y así nos mantiene limpios de todo pecado delante de Dios.

Padre celestial, vengo a Ti con todas las personas que en estos momentos han recibido a Jesucristo como único y suficiente Salvador. Señor, los traigo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo para que Tú los coloques en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Redentor, un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego me perdones toda falta, todo error y pecado que he cometido, y te ruego que con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente en Tu Reino.

Sálvame, Señor. Haz una realidad la Salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí y para todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Hazla una realidad, Tu Salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí, hazla una realidad en mi vida, en mí. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Que Dios les bendiga y les guarde, y pasen todos muy buenas tardes.

Gracias por seguirnos y compartir estos estudios.
amen